A propósito de…XXXIII

Alfonso X el sabio

El Cristiano, el Moro y el Águila

Laura F.
 

Un lector de este diario digital ha comentado mi artículo, lo cual le agradezco, en el que “me aclara” que los personajes que forman parte de la historia oriolana, como son Abd al-Aziz y Teodomiro no aparecen, o no tendrían porqué aparecer en las “Fiestas de Moros y Cristianos” ya estas no tratan de “conquista”, sino de “reconquista” y en ésta los mencionados personajes, por tanto, deben estar. Es cierto, así es, si nuestra historia la acotamos sólo al momento y no en su proceso. Partiendo de la base que no todos los historiadores piensan igual respecto al hecho histórico de la llamada “Reconquista”, pues opinan que la lucha entre las dos culturas: cristiana y musulmana; unos hablan de conquista- reconquista y otros dicen que, después de setecientos años, no se puede hablar de reconquista, sino de una conquista en toda regla. Todo dependerá del análisis histórico de cada uno. Pero esto es lo de menos. El caso es que, como muchas ciudades españolas, tenemos una historia común, mora y cristiana, en la que hubo una simbiosis de aportación y asimilación mutua.

Formamos parte de un califato, que fue centro de la cultura y la economía. Cuenta Ibn Abi Zar, en su crónica que para que una ciudad prospere debe reunir cinco condiciones: un bosque cercano, agua corriente, tierras fútiles, murallas sólidas y un buen jefe que sepa mantener la paz y la seguridad. La Orihuela musulmana incumplió siempre el último y para las pocas veces que nos gobierna alguien interesante ¿Por qué no contarlo?. Nuestra tierra ha sido descrita como un lugar bello, rico y donde se podía ser feliz. Al Levante llegaron eruditos de todas partes en arte y ciencia, que sabían que aquí se les apreciaría: sufíes, filósofos, científicos, poetas,…Siete siglos que comienzan con personajes emblemáticos como Abd al-Aziz y Teodomiro (cuya familia se arabizó, por cierto), siguieron años de emiratos con protagonistas de todo tipo, hasta llegar a su máximo esplendor con el califato de Córdoba y Abderramán III (contando con la importancia que tuvo para nosotros Abderraman II y la fundación de Murcia y el consiguiente decaimiento de Orihuela).

Luego, allá por el siglo XI llegaron los almorávides, por el XII los almohades. Y como punto final a la presencia musulmana, pasamos a estar bajo la tutela de Alfonso X, El Sabio y su suegro Jaime I, el cual le hizo el favor de conquistar estas tierras para él. En la historia de España no los hubo mejor. En mi modesta opinión, para resaltar la fiesta y no caer en el aburrimiento; para renovar y, de paso, enseñar parte de nuestra historia a mayores y pequeños, sería conveniente introducir personajes y acontecimientos de los que formamos parte. Si nos hemos familiarizado con palabras como: “cabila” palabra para definir a tribus de beduinos y bereberes, que ya llegaron en el siglo VIII; almorávide, que llegaron en el siglo XI; almohade, que llegaron en el siglo XII;… Y como todo episodio vital, siempre tiene unos antecedentes, un desarrollo y unas consecuencias, me pregunto: ¿Por qué no introducir en la narración de la “reconquista”, al igual que hemos hecho con las tribus bereberes, los personajes del comienzo y, sobre todo, los de final? Os imagináis en el desfile, además de los embajadores, personajes como Alfonso X El sabio, leyendo el documento en el que se reparten las tierras después de la conquista; o el Libro de Los Repartimientos; o a Jaime I (del cual me considero admiradora) que es el prefecto rey medieval. ¡¡Qué todo esto último ocurrió en el siglo XIII!! ¿Os imagináis ir renovando la fiesta poco a poco, con elementos como estos? Los oriolanos y visitantes nos mataríamos por saber y ver cómo se presenta cada año la fiesta en función de estos protagonistas. Se le iría dando seriedad, abolengo, estilo e historia y, a la vez, desaparecería la chabacanería y mal gusto que, a veces, se deja ver demasiado. Ya lo dice la fábula del águila: Renovarse o morir. Es mi humilde opinión, y creo que no soy la única, como parte de una comparsa fundadora de la fiesta (en su día) y como ciudadana espectadora.

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