A propósito de…XXXIV

Globalización y hambre

Globalización y hambre

Laura F.

Me acuerdo cuando a finales del siglo XX, es decir, hace dos días, se empezó a hablar de “globalización”. Esta iba a ser la panacea de todos los males. Ya no habrán fronteras, libertad de movimiento del ciudadano, la economía mejoraría, la cultura y la ciencia llegaría a todos, la facilidad de comunicación hermanaría a las gentes, etc., etc, etc. Nos presentaban un futuro maravilloso en el que el progreso nos llevaría a la felicidad, pues se darían un acercamiento entre los hombres y mejoraría el nivel de vida. ¿De quiénes? La globalización ha llegado a extremos impensables en todos los ámbitos de la cultura, la política y la economía. Pero…no ha beneficiado a todos. Ya no digo por igual, porque es imposible, pero era de esperar que todo lo anunciado fuera equitativo y, en general, la población “mundial” llevaría un desarrollo en el que la dignidad humana estaría a salvo.

¿Quiénes se ha beneficiado? Como siempre, desde que el mundo es mundo, la clase dominante, la cual ha visto aumentar sus rentas unas veinte veces. El secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, explicitó: ‘Si no podemos hacer que la globalización sea útil para todos, no funcionará para nadie’. Y de hecho, esta “globalización” acabará con el imperio capitalista, que como todos los grandes imperios, desaparecerá. Por el 1980 se comenzaron a desmantelar legislaciones nacionales de los diferentes Estados y los beneficiados (compañías de seguros, fondos de pensiones, banca, etc.) han ido moviendo enormes sumas de dinero, han ido imponiendo sus criterios (políticos, económicos y culturales) que, con la facilidad de comunicación mundial, todavía se ha enriquecido más rápidamente y más capacidad de manipulación. A su vez van dictando las políticas de los Estado y de los individuos, con sus campañas publicitarias y mensajes subliminales, inculcando en los ciudadanos un afán consumista, ya que sin “consumir” no hay diversión. Si añadimos que culturalmente nos dicen que interesan aquellas carreras tecnológicas, porque hay que “estudiar lo que demande el mercado”, y van procurando (si no lo han hecho ya) que desaparezcan aquellos estudios humanísticos, que son los que dan un poso de sabiduría, ética y moral al ciudadano. Sí. Porque esto último no interesa. Han hecho un buen trabajo, han dado probar la miel y, ahora, si la quiere tiene que ser por una miseria.

Lo que se quiere es una gran masa trabajadora, con sueldos mezquinos, que no piensen mucho y que rindan al máximo (esclavos). Ya lo dijo S. George, presidenta del Observatorio de la Mundialización: ‘Si se deja que el sistema se embale, cada vez excluirá más, destruirá más y creará más desequilibrios. Nuestro sistema actual es una máquina universal para arrasar el medio ambiente y para producir millones de perdedores con los que nadie tiene la más mínima idea de que hacer’.

De hecho hay un concepto que desde el siglo IV a C ya rondaba por la cabeza de Aristóteles y que después ha desarrollado la Iglesia Católica con Sto. Tomás y el Vaticano II, entre otros. Es el concepto de BIEN COMÚN. ¡Fíjate tú! Si ha habido tiempo en 2300 años de madurar la idea y llevarla a cabo, como síntoma de evolución humana! ¿Cuánta será la avaricia del género humano, que no sólo no se ha llevado a cabo mínimamente, sino que se ha empeorado a extremos inimaginables, pues hasta la misma Tierra que no proporciona la materia prima, nos la hemos cargado? En principio, el BIEN COMÚN se puede concretar en el respeto a la persona, el bienestar social de los pueblos y sus miembros, dando lugar a la paz, la estabilidad y la seguridad y orden justo. A estas alturas de la jugada, los políticos bailan a son que marcan las instituciones económicas y el deber del poder político y su razón de ser, es decir, la búsqueda de bien de los integrantes de un a comunidad, se va a la porra y tenemos a la comunidad, sin trabajo, sin dignidad y sin comida.

El Estado es el garante del bien común y para ello deben de respetar el orden moral. ¿Pero qué digo? ¿Estoy idiota? ¿Orden moral? ¿Qué es eso? Ante tamaña ignorancia, avaricia, incompetencia y sin razón, tenemos a una parte de la población, ya sea mundial, nacional o local, que ve sus derechos violados, pasando “necesidad” porque el poder civil se inhibe de su responsabilidad. Hoy día en en cualquier ciudad (por ejemplo Orihuela) se pasa hambre. Muchos padres y profesionales de la sanidad ya no van atener que preocuparse de la obesidad infantil. No habrá lugar. No me importan los problemas internos del gobierno de turno, no interesa lo que se pueda decir sobre los problemas económicos de los ayuntamientos, que malgastan los impuestos. No sólo la Iglesia, a través de Cáritas, no sólo la Cruz Roja, no sólo los particulares tenemos la obligación moral de ayudar a nuestros vecinos. Es el poder civil el que es responsable de sus ciudadanos, y debe estar para lo más importante, si para ello hay que dejar de hacer determinadas inversiones… ¡Lo primero, es lo primero! ¡Y lo importante, lo urgente y necesario es el SER HUMANO! Lo demás… podemos vivir sin tenerlo o retrasarlo. Si de verdad nuestros políticos están ahí comos servidores públicos, es el momento de demostrarlo, SIRVIENDO AL QUE PASA HAMBRE.

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