Cuarenta de mayo

Uno de aquellos / Mateo Marco Amorós

Fotografía: Joaquín Marín

El pasado nueve de junio fue cuarenta de mayo. Como siempre. La previsora tradición popular advierte que hasta esa fecha no conviene desabrigarse. “Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo; y si vuelve a llover, vuélvetelo a poner.” O… “Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo; y si el tiempo es importuno, hasta el cuarenta de junio”. Algunos refranes, como estos, tienen un por si acaso. Y hermanos en otras lenguas. Nos lo recuerda Sergi Gómez i Soler en facebook: “Fins el setanta d’abril, no et lleves del cos ni un fil”. Setenta de abril. Cuarenta de mayo. Nueve de junio.

Este año nos ha pillado por la playa. Durante estos días de calor. Entre los vecinos hay quienes han convertido la fecha en cita para el primer baño en el mar. Sin remedio. Así, les vemos caminar por la orilla, los cuerpos aún demasiado blancos. Cuando penetran en el agua da la impresión de que quisieran andar sobre ella de puntillas. Nos miran y dicen que el agua está fría. Como las de río. A quienes nos gusta el agua fría no nos importa.

Por su parte, quienes se atreven en la piscina, más de lo mismo. Primero la ducha, que les resulta choque, y luego un poco a poco, peldaño a peldaño en la escalera padeciendo tortura. Prefiero el chapuzón. Golpe de frescura. Entonces, recuerdo algunos baños en las playas gallegas. Aquellas cercanas a Lires y en Lires, en el concejo de Cee, cerca de Finisterre. O en las Landas o Bretaña francesas. Atlántico. En verano, apretando el calor, pura frescura. Como los baños en las primeras aguas del Duero en Duruelo de la Sierra o en los ríos de la Huesca pirenaica. Como el Ara en Torla o más arriba, aún más fresco, en Bujaruelo bajo el puente románico. O aquellos baños de chiquillo en alguna canal abierta en plena huerta villenera. O de acampada en la Font de la Coveta por donde dicen que nace el Vinalopó.

El frescor penetra por la nariz y sube, interior, estallando en la frente.

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