José Luis Zerón, Sin lugar seguro

 

Ana Mas de Sanfélix
ex concejal de Cultura en el Ayto. de Orihuela

El pasado miércoles se presentó en Orihuela el poemario Sin lugar seguro de José Luis Zerón Huguet. Un acontecimiento literario que certifica la sólida trayectoria que Zerón iniciara en 1987 y cuyos últimos peldaños son El vuelo en la jaula, Las llamas de los suburbios y Ante el umbral. Sin lugar seguro es un poemario de certera madurez en el que el autor se permite una vuelta a los orígenes (“he dejado la guarida urbana/ y regreso humo adentro a la matriz de los senderos” para “cifrarme y descifrarme”), con la sabiduría intelectual y emocional del camino recorrido. Y aunque son múltiples las heridas y las derrotas –las certezas perdidas, los sueños rotos, la belleza imposible, la falibilidad de la palabra…- también son múltiples los recursos aprehendidos para afrontar con paciencia los retos del futuro y no sucumbir a la tentación de la resignación, la declinación o la rendición.

Este poemario trasmuta lo particular en universal al revelarnos la precariedad de toda condición humana que no encuentra refugio ni en lo humano (“y nadie responde/ porque no hay nadie”), ni en lo divino (porque “Dios no es más que un sol que se aleja en los humedales”); describe sin paliativos la soledad esencial y consustancial redescubierta antes o después tras “la apariencia de los embrujos”; nos habla del miedo inevitable ante el dolor y la muerte: “La fuerza no se adquiere por el dolor,/ pero el dolor funda/ y el grito de los que fueron/ engendra más dolor”; describe la vulnerabilidad de saberse a la intemperie, extranjero en tierra propia, estupefacto ante la imposible comunicación con los muertos, pero también con los vivos y plantea el enigma irresoluble de la huidiza libertad:

  “¿Soy yo aquel apresurado

    que quiso entenderlo todo?

¿Soy yo el mismo que padeció la belleza

de la mano de las esfinges?

O tal vez este Lázaro extenuado que obedece la orden

de una voz perdida de la memoria

y se levanta, respira y anda sin reconocerse?

Carezco de fuerzas para resolver mis dudas.

Hay que andar

                        (¿hacia dónde?)

 

Pero, por encima de todo, más allá de la profundidad e interés del contenido, lo que José Luis Zerón demuestra en Sin lugar seguro es un nivel superlativo de perfección en el decir (“hay soledad y silencio y unidad”). El poemario está salpicado de versos perfectos, de esos que, si la hubiera, alcanzarían el corazón de la verdad bien redonda: “En el nombre de la prisa el miedo teje el tiempo”. En Orihuela la poesía está de enhorabuena.

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