Ninfas

A cara descubierta /Mateo Marco Amorós

Fotografía / Joaquín Marín

Ninfas o náyades, el cuadro ya no está. Lo han descolgado. Ha sido en la Manchester Art Gallery con la intención –dicen– de abrir un debate sobre la cosificación del cuerpo femenino. La pintura afectada es “Hilas y las ninfas” de Waterhouse. En ella se representa al atractivo Hilas, escudero de Hércules, en el momento en el que es seducido por siete náyades. Seductor seducido, ni los Argonautas ni Hércules enamorado supieron más de él. Entre nenúfares, dentro del agua cubriéndoles hasta la cintura, las seductoras féminas aparecen desnudas. Cuatro de ellas muestran luminosos los pechos. Resulta todo un canto a la belleza. La mirada de la ninfa que agarra dulcemente al joven, la actitud lánguida de las otras, el entorno natural… Es placidez. Lástima conocer el después del cuadro. El sosiego será tragedia.

Ante tanta belleza, una de las razones de ser del arte, la retirada del cuadro resulta estrambótica. Cada día estamos más tontos. Repaso, por escoger uno, el libro de “Historia del Arte” que nos ocupó cursando COU, segundo de Bachillerato hoy. Si lo miro con los ojos neopuritanos que aplauden la retirada del cuadro y arranco las hojas en las que cabría sospechar la “cosificación” del cuerpo –masculino o femenino– me quedo sin libro.

Qué hacer, por ejemplo, con los kuroi y kurai griegos, qué con las venus de toda época. Qué con la sacerdotisa cretense de las serpientes y los pechos descubiertos. Qué con el maremágnum de desnudos de Pisano en el púlpito de Siena. Qué con las fantasías del Bosco. Qué con esa Virgen del díptico de Etienne Chevalier, obra de Fouquet, sosteniendo a un niño también desnudo, rodeados de curiosos querubines. Qué de tantas obras de Botticelli, Miguel Ángel, Durero… De artistas y artistas. Hasta los traseros pintados como fotografía de Kacere.

Si algo le debo al estudio de la Historia del Arte es el haberme educado la mirada para el aprecio de la belleza. El saber distinguir entre sensualidad y pornografía, entre el primor y el bodrio, entre la obra maestra y la chapuza, entre la genialidad y la tomadura de pelo.

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