Vaciando el aire de las caracolas…LI

Visita

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Mateo Marco Amorós

Cuando en 1882 los oriolanos, preocupados por el posible traslado de la sede episcopal a Alicante, apelaban a Alfonso XII sabiéndole conocedor de la ciudad y la Vega, así era. Porque, que sepamos, en octubre de 1879 el rey había visitado la ciudad tras la catástrofe provocada por la riada del día quince, riada de Santa Teresa. Así nos lo informa Antonio José Mazón Albarracín apuntándonos además que con motivo de aquella visita la Plaza del Salvador se tituló de Alfonso XII. Así también lo hemos revivido gracias a algunos periódicos de la época.

Entre ellos, el “Diario de Córdoba” que en su edición de veinticuatro de octubre nos proporciona detalles de la visita. El Rey llegó a Murcia el veinte de octubre al atardecer. La mañana del veintiuno la ocupó en visitar la vega de la capital. El escenario es dantesco. Lo reciente de la catástrofe dificulta la inspección: —Algunos coches de la regia comitiva se han visto atascados en el fango hasta los cubos de las ruedas —dirá el cronista. Esa misma mañana, el rey recibe en Murcia la visita del Obispo de Orihuela, Pedro María Cubero, que desde Murcia le acompañará a la Gran Ciudad. Llegan a las dos. La visita se dilatará aproximadamente hasta las cuatro y media. El vecindario vitorea al rey que visitará el barrio de la Mancebería, “punto en el cual –dice la nota– reventaron las aguas arrastrando en su impetuosa corriente el malecón, que tiene 10 metros de espesor, destruyendo a la vez varias casas.”

También conocerá el palacio episcopal, el hospital, el convento de Santa Lucía y la catedral. Recorriendo calles comprobará que el agua ha llegado hasta uno y tres metros de altura. Diez o doce metros más sobre el nivel ordinario del río. También subirá –a pie– al Seminario; donde en el salón de grados el Obispo le presentará al claustro de profesores y a los alumnos. El Obispo agradecerá la actitud del rey y ofrecerá “una beca para el hijo del más pobre que haya perecido en su diócesis.” El rey contestará brevemente al prelado con palabras muy aplaudidas.

Más adelante se dirá que “la regia comitiva regresó de noche de Orihuela en tres carruajes, sin escolta. Por el camino el pueblo se brindaba a acompañar a S.M., pero ha querido ir solo con su alta servidumbre. Ha estado entregado por completo al cariño de estos leales habitantes.”

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