Vaciando el aire de las caracolas…XLI

picudo

Picudo

Mateo Marco Amorós
 

Escucho sus mordiscos como pesadilla. Y su nombre: Rhynchophorus ferrugineus. Picudo rojo de las palmeras. Dicen que vino de Egipto. De donde vienen ahora malas noticias. También él es mala noticia. Desde Egipto o, más al oriente y más al sur, desde regiones tropicales del sureste asiático y Polinesia. Importado por los hombres. 

Y, bien lo sabemos, es un insecto voraz que ha estragado muchas palmeras. Y sigue que sigue. Palmeras que muestran la desgracia en sus palmas alicaídas y amarillentas, como lágrimas de tristeza seca. Como llamas apagadas. Como una fuente sin fuerza. Como una fuente muerta. Flor marchita. Fuego artificial frustrado.

El nombre común del escarabajo –picudo rojo de las palmeras– hace honor a sus características. De las palmeras porque en ellas habita hasta que las consume y mata. Rojo por su color rojizo ferruginoso, como el hierro, rojizo como el color de las bellotas, acaso pardo anaranjado. Y picudo de pico. Sin embargo, es principalmente la larva ápoda, esto es, sin pies, la que con su potente mandíbula trepana galerías en las hojas desde la axila hasta la corona o desde la corona hasta la axila. También directamente en el tronco, construyendo galerías de un metro o más de longitud. Si la galería llega a la yema apical o terminal, la palmera muere. Robándonos la belleza de los horizontes al amanecer, perfiles de sol, y robándonos la belleza de los horizontes al atardecer, perfiles de sol y de luna, y asesinando el orgullo del poeta orgulloso de aldea: “Alto soy de mirar a las palmeras”.

Pues ya no. Porque ahí están derrotadas. Y robándoles el bicho verdor y luz, les niega a cada una la posibilidad de disputarse “la soledad suprema de los vientos, / la delicada gloria de la fruta / y la supremacía / de la elegancia de los movimientos / en la más venturosa geografía.” Pobre Miguel Hernández pobre si las viera vencidas, humilladas en su altivez. Pobres nosotros que las vemos muertas y muriéndose junto al río, en las medianas de carreteras y caminos, en los arcenes. En hileras o aisladas en su tristeza.

Las aisladas muestran más la melancolía del decaimiento. Matándolas, al animalico aún le queda tiempo para hacer una madeja de hebras de fibras del tronco a modo de capullo. Muy basto. Cuatro o seis centímetros. Crisálida para la muerte. Pupa. Cuando adulto, muestra un porte de máquina de guerra. 

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