La hermandad más joven de la Semana Santa oriolana reafirmó su identidad en un recorrido marcado por el silencio y la emoción
Orihuela vivió nuevamente una de sus noches más intensas durante la madrugada del Jueves Santo con la salida de la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de la Buena Muerte. A la una en punto, el cortejo inició su recorrido desde la Universidad de Santo Domingo, partiendo en realidad desde el recogido claustro interior, en un ambiente de profunda intimidad.
La procesión avanzó por las calles del casco histórico envuelta en un silencio casi absoluto, roto únicamente por el leve murmullo de los pasos y la música sacra. La iluminación, basada exclusivamente en la luz de las velas de los penitentes, aportó una atmósfera sobria que acompañó al público durante todo el itinerario, que atravesó enclaves como el paseo Calvo Sotelo, la plaza de la Merced o la calle Santa Justa.
Uno de los instantes más significativos tuvo lugar en la plaza de Ramón Sijé, donde la hermandad realizó su estación de penitencia, siendo la única en toda la Semana Santa oriolana que mantiene este acto. Allí se escenificó la lectura de las Siete Palabras, acompañada por la interpretación musical del quinteto de metales «Ginés Pérez de la Parra» y las voces de los Cantores de la Primitiva Pasión «Federico Rogel». También se incluyó la recitación del poema dedicado al Cristo de la Buena Muerte, escrito por José María Pemán.
El cortejo estuvo formado por dos imágenes de gran valor artístico. Por un lado, el Santísimo Cristo de la Buena Muerte, una talla de estilo neoclásico fechada en 1940 y vinculada a la escuela de José Capuz. Por otro, María Santísima de la Amargura, realizada por el escultor Víctor García Villalgordo e incorporada a la procesión en los últimos años.
La hermandad, fundada en el año 2000, volvió a mostrar su crecimiento con cerca de 250 hermanos, incluyendo nuevas incorporaciones. Ataviados con túnica color marfil y capucha marrón, los penitentes ofrecieron una imagen de sobriedad que define el carácter de esta cofradía.
A lo largo del recorrido también destacaron las diferentes insignias que acompañaron al cortejo, como los estandartes, la cruz guía o los lienzos dedicados a las Siete Palabras, además del estandarte de la Virgen, que aportaron riqueza visual a la procesión.
La música desempeñó un papel esencial en la ambientación, con la interpretación de piezas de carácter fúnebre y religioso que reforzaron el tono solemne del acto.
Consolidada como una de las citas más especiales de la Semana Santa de Orihuela, la procesión del Cristo de la Buena Muerte volvió a dejar una profunda huella en quienes acompañaron, un año más, este recorrido cargado de simbolismo y recogimiento.
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