Devoción, tradición y sentimiento marcan uno de los momentos más especiales de la Semana Santa bigastrense
Ayer domingo 5 de abril, la localidad de Bigastro vivió uno de los instantes más conmovedores de su Semana Santa con la celebración de la tradicional Procesión del Encuentro, una cita cargada de simbolismo, fe y emoción que cada año reúne a vecinos y visitantes.
A las siete de la mañana daba comienzo la procesión desde la Iglesia Nuestra Señora de Belén, con la salida de la imagen de la Virgen de Belén, patrona del municipio, una talla anónima de los años 40 del siglo XX. En un ambiente marcado por el silencio y el recogimiento, la Virgen fue portada por cerca de una veintena de costaleros, acompañada por las tradicionales mantillas negras que aportaban solemnidad al cortejo.
Poco después, iniciaba su recorrido la imagen de Cristo Resucitado, procedente de los talleres de Olot, escoltada por diez mujeres ataviadas con mantilla blanca. Junto a la imagen, participaban también la alcaldesa de la localidad, Teresa Belmonte, así como otras autoridades municipales.
Una de las particularidades de esta procesión es su singular recorrido: la Virgen y el Cristo avanzan por calles paralelas, aproximándose poco a poco en un simbolismo que representa el esperado reencuentro entre madre e hijo. Este momento culmina poco antes del amanecer, en un punto intermedio decorado con una vistosa alfombra floral llena de color y vida.
El instante del Encuentro es, sin duda, el más emotivo. Ante la atenta mirada del pueblo, madre e hijo quedan frente a frente, reflejando la alegría de la Resurrección. En ese preciso momento, se retira el manto negro de la Virgen, símbolo del luto, y se le impone su corona. La escena se acompaña de un pequeño castillo de fuegos artificiales y el lanzamiento de aleluyas, en una explosión de júbilo colectivo.
Tras el Encuentro, ambas imágenes emprenden el camino de regreso al templo. Durante el trayecto, numerosos vecinos participan desde balcones y ventanas lanzando pétalos y aleluyas, sumándose a la celebración de la Resurrección.
Antes de la entrada final en la iglesia, las imágenes vuelven a situarse frente a frente en la plaza de la Constitución. Allí, las notas de la Marcha Real provocan una ovación unánime del público, poniendo el broche de oro a una celebración profundamente arraigada.
La Procesión del Encuentro no es solo un acto religioso, sino una tradición que se transmite de generación en generación. Es sentimiento, es identidad y es memoria viva de un pueblo que mantiene intacta su devoción. Como dicta la tradición popular, el Cristo Resucitado no puede recorrer solo las calles de Bigastro, y entre vítores resuena con fuerza el grito que define esta celebración: “¡Que viva el Cristo Resucitado!”.
Puedes ver el vídeo de la Procesión del Encuentro en Bigastro aquí:
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