Por Mateo Marco Amorós
Él del sesenta y dos, yo del sesenta y tres, comparto con mi paisano y amigo Antonio Sempere, periodista, escritor y crítico cinematográfico, además de generación, la inquietud ante aquello que deja de ser lo que fue. Si nuestra infancia coincidió en Villena y nuestra juventud más intensa en Alicante, en los intensos años de Universidad, es por lo que sus llantos y añoranzas sobre determinados espacios y ambientes perdidos, son también mis llantos y añoranzas.
Nacen estas letras releyendo el artículo que Sempere publicó en INFORMACIÓN el dos de mayo de 2022. Ya ha llovido. En él, homenajeando al artista alicantino José María Morán Berruti, conversando con él, Sempere alude al Alicante de los ochenta, el Alicante del alcalde Lassaletta, José Luis Lassaletta Cano; el Alicante de los primeros Carnestoltes; el de la primera etapa de los Minicines Astoria; el de El Forat; el «de cuando el Barrio era el Barrio», añora melancólico Sempere. Y yo me sumo a esa melancolía porque ese fue, el de los ochenta, primer lustro, el Alicante de cuando estudiaba en la Universidad. Todo nostalgia.
La melancolía no tiene por qué desmerecer el presente, pero sobre ciertos espacios y ambientes reafirmo el «cualquiera tiempo pasado fue mejor» de Manrique. Y si Alicante, Villena: el Paseo, el Regajo, las Cruces y Sierra de la Villa, los cines, el Bar Avenida… Y si Villena, Orihuela.
De Orihuela hablo de oídas y de oídas contrasto el silencio de la calle Mayor, desmoronándose, con el bullicio que me cuentan de la calle Mayor viva, cuando la vuelta a los puentes. Un bullicio que sobrevive susurro gracias a establecimientos en resistencia. Sirva de ejemplo la entrañable sombrerería «El Gavilán» donde, en el escaparate, ese simpático y cabezudo maniquí para sombreros. Establecimiento donde también un muy esmerado servicio al cliente. Como antaño. Como siempre. Susurro y… Luces de fe y cultura en torno a la Catedral y Palacio Episcopal. Susurro apuntalando ruinas –años– como las de la casa racionalista. Susurro, luces y escombros de aquel bullicio, de cuando la calle Mayor era la calle Mayor, Mayor de Ramón y Cajal.





