Por Mateo Marco Amorós
Por el cinco de enero, en estas tierras hernandianas donde «tu pueblo y el mío», es común celebrarlo compartiendo el poema, queja, denuncia y deseo que Miguel Hernández escribió al dictado de la injusticia social palpable en la mañana de Reyes. Doliéndole. «Por el cinco de enero, / cada enero ponía / mi calzado cabrero / a la ventana fría. // (…)». Aunque manidos los versos, uno agradece recibirlos para que no se nos amodorren ni la sensibilidad social ni los compromisos solidarios. Con el mismo afán traigo la voz de otro poeta oriolano, la de José Luis Zerón Huguet, manifiesta en el diario Encrucijadas del que hablábamos ayer, un libro muy recomendable editado por Polibea; voz que aun en prosa no deja de ser poesía.
En una de las entradas, Zerón, refiriéndose a un artículo de Vicente Verdú titulado «El fin de lo normal», publicado a mediados de junio de 2018 en «Babelia», aprovecha para reflexionar sobre el concepto «normalidad», preocupándole el peligro de normalizar lo anormal. Dicha reflexión le lleva a una proclama que como la canción «Sólo le pido a Dios» se rebela contra la indiferencia; proclama que por este cinco de enero hago mía y reciclo como carta a los Reyes Magos de Oriente a los que pido, apropiándome de las palabras juiciosas del amigo poeta, lo que sigue:
Que no sea normal y que nunca me parezca normal los muertos en el Mediterráneo, náufragos de esperanzas; ni la política contra migrantes de Trump; ni los bombardeos supuestamente selectivos; ni la pederastia en la Iglesia que dice Zerón, ni en ningún lugar que añado yo; ni las políticas irresponsables en materia medioambiental; ni el totalitarismo de Kim Jong-un; ni las dictaduras fosilizadas disfrazadas de revolucionarias; ni el temor medieval del Estado islámico; ni… —La lista sería interminable —advierte y concluye Zerón.
Pero por interminable, contra toda indiferencia, en el mismo libro, en uno de los «lampos», aforismos lúcidos, afirma el poeta: «La naturalización de lo inaceptable nos lleva a la resignación, es decir, a creer que es inevitable aquello que se puede evitar». Así, queridos Reyes Magos, que lo inaceptable no sea.






