Por Mateo Marco Amorós
Quince de abril del año pasado, el periódico INFORMACIÓN, en la sección local alicantina, publicaba un interesante reportaje firmado por Ramón Pérez. Titulado «La República ‘subsiste’ en un colegio de Alicante» informaba de la existencia de un escudo republicano en la fachada de un colegio del barrio de Carolinas, el 9 d’Octubre; antes Víctor Pradera y antes de antes, cuando su inauguración en 1932, Gabriel Miró. Inauguración en la que estuvo Manuel Azaña, presidente del Gobierno de la República, acompañado de Lorenzo Carbonell, alcalde de Alicante, y del socialista Rodolfo Llopis, callosino de Callosa de Ensarriá, pedagogo y por entonces Director General de Primera Enseñanza.
Respecto a dicho escudo se documentaba que en 1939, al terminar la guerra civil, «se ocultó bajo el yugo y las flechas de la Falange, pero no se destruyó». No se destruyó –explicaba Pérez– porque, según una leyenda referida por el periodista Ismael Belda, «el albañil encargado de su eliminación aseguró haberla hecho y nadie se molestó en comprobarlo posteriormente», incumpliendo una orden municipal de 1942 que mandaba arrancarlo. Hasta aquí lo publicado en INFORMACIÓN.
Y resulta que en Orihuela, en pleno centro urbano, el colegio Andrés Manjón, junto a la Glorieta Gabriel Miró, también muestra en su fachada un escudo republicano. Proyectado este centro escolar durante la Dictadura de Primo de Rivera pero edificado durante la República y útil después de la guerra, en lo alto de su fachada luce desde su construcción ese escudo. Y que sepamos, sin molestar a nadie. Como testimonio de una época. Antonio José Mazón Albarracín, en su generosa web Oriola vista desde el Puente Rusia, en el apartado «Conventos y otros edificios», bajo el título «De Escuela Graduada a Colegio Andrés Manjón», ofrece precisos datos sobre los avatares de la construcción del centro y protagonistas.
Quienes por formación académica, deformación profesional o simplemente sensibles al patrimonio apreciamos cualquier testimonio del pasado, agradecemos la pervivencia de estos elementos. Contra toda iconoclastia. Por ello me duele cuando se destruye lo heredado, porque me importa como testigo de un tiempo, certificado de lo que fuimos, eco de un periodo, voz histórica.






