Por Mateo Marco Amorós
A Julia Jiménez Castejón
Que las Ciencias Naturales entre múltiples y curiosos saberes nos aleccionan sobre el comportamiento de todo bicho viviente, no sé si es suficiente razón para que Julia Jiménez Castejón, profesora de Biología y Geología en el IES Paco Ruiz de Bigastro, haya ejercido con pericia y acierto, hasta su jubilación, su responsabilidad como profesora y, sobre todo, como Jefa de Estudios.
De todos los cargos directivos que el personal docente pueda desempeñar en un instituto, siempre me ha parecido la Jefatura de Estudios el más delicado, complejo y comprometido. Hablo con conocimiento de causa porque antes de aterrizar en Bigastro lo fui en un centro muy grande. Cargo que no solo exige la atención al rendimiento académico y disciplina del alumnado, sino también la atención al quehacer del profesorado en lo que respecta al cumplimiento de la programación, horario y formación, además de la distribución eficiente de los espacios para el desarrollo de las clases; labores, entre otras, comprometidas para las que se necesita combinar tanta firmeza como mesura; firmeza delicada especialmente cuando algún alumno o profesor no entienden que es competencia y obligación de esa jefatura notar las irregularidades, mesura para comprender las situaciones personales sin arriesgar las exigencias que determina la legalidad.
La profesora Julia Jiménez ha sido además de una buena profesora de Ciencias Naturales una eficiente Jefa de Estudios, con los sinsabores propios y desvelos que conlleva esa responsabilidad. La convicción de que el ejercicio de un servicio público exige la máxima dedicación y compromiso, mitiga los disgustos derivados de las labores de mando. Esa convicción, como las satisfacciones del acertar agradeciendo la importante colaboración de toda la comunidad educativa, donde también importan las familias. En Julia Jiménez, a su capacidad gestora caracterizada por la perseverancia, tesón fosilizado como la sal donde su cuna de murmullos marinos, se suma una personalidad afable.
Porque tuve la suerte de compartir con ella claustro y equipo directivo, esto último bajo la batuta inteligente de Manuel Beltrán, me alegra su jubilación; aun lamentando la pérdida de un valor efectivo en la Enseñanza. Pero los tiempos merecidos son los tiempos merecidos.






