Por Mateo Marco Amorós
Apreciando la obra literaria de José Luis Zerón Huguet, informado por el propio poeta del proyecto cinematográfico del cineasta Carlos Escolano sobre A salto de mata, esperaba con expectación la película. Y más al saber que el actor protagonista era el mismo Zerón. Con muchas dudas escribo actor porque no sé hasta qué punto uno puede interpretarse a sí mismo. Esto al margen de quienes proclaman –o cantan– que la vida es teatro, como al margen de ejemplos vivenciales que defraudándonos son ciertamente puro teatro. En este caso no. Por ello me cuesta decir actor.
Me cuesta porque viendo la película, aprecio que Zerón no actúa. En la película, Zerón es Zerón. Acaso un poco rígido en algunas escenas, pero en general se nos muestra auténtico porque en el filme principalmente se nos descubre el poeta que es. Un poeta que indaga sobre el quehacer poético. Compartiendo generosamente ese indagar. Ya dije que Zerón no guarda para sí las difíciles estrategias del escribir, más difíciles si queremos que ese escribir sea poesía, sino que goza compartiéndolas. Así lo veo también en la película, resultando un homenaje al poeta y a la poesía.
Si cuando escribí sobre el diario A salto de mata comenté que, atendiendo la definición de Tomás Sánchez Santiago, Zerón se nos presentaba como «artista del merodeo», por ser el libro un continuo y sabroso merodear por la literatura, por la música, por la pintura, por el cine, por la naturaleza… por la vida, una vida que estima como fundamentos, familia, amistad y creación… La película honra ese ser merodeador de vivencias e inquietudes, un ser nada ajeno a la familia con la que comparte esas vivencias e inquietudes.
Habiendo heredado de la infancia una percepción reducida del cine como mero entretenimiento, servido en sesión doble y merienda, sería osadía por mi parte valorar los entresijos preciosos del largometraje. Para saber mejor sobre ello, remito al brillante artículo que Javier Puig le dedicó en Frutos del Tiempo cuando el estreno. Ahí sí que se dice con conocimiento todo lo exquisito de la película que yo no sé decir.






