Las cofradías de ‘Los Azotes’ y el Cristo de Zalamea protagonizan un desfile cargado de historia, música y fervor
El Domingo de Ramos en Orihuela vivió uno de sus momentos más esperados con la procesión nocturna que recorrió las calles de la ciudad, marcando el inicio de la participación de los primeros nazarenos en la Semana Santa oriolana. Tras la tradicional bendición de palmas por la mañana y la procesión de las Mantillas organizada por la Mayordomía de Nuestra Señora de los Dolores, la jornada culminó con un desfile lleno de solemnidad y arraigo.
La Cofradía del Santísimo Cristo de la Flagelación, conocida popularmente como ‘Los Azotes’, fue la encargada de abrir la procesión. Fundada en 1944, puso en la calle dos de sus emblemáticas tallas: La Flagelación (1945), obra de Galarza sobre trono de plata de Orrico, y La Coronación de Espinas (1959), realizada por Manuel Ribera Girona, también sobre trono de plata de Orrico. Ambas imágenes avanzaron acompañadas por la Banda de Cornetas y Tambores “Auxilium” y la Banda Filarmónica de la Asociación Cultural Amigos de la Música y Danza de Orihuela, que ofrecieron una interpretación destacada.
En cuanto a las distinciones de este año, María Jesés Noguera Aracil ejerció como Porta-Estandarte Mayor, mientras que Alejandro López Gil fue el Porta-Estandarte Infantil. La Cofrade de Honor fue María José Navarro Cárceles y el reconocimiento como Nazareno Penitente recayó en Antonio Alcaraz Martínez.
Tras ‘Los Azotes’, tomó el relevo la Hermandad Penitencial del Santísimo Cristo de Zalamea y María Santísima del Consuelo, fundada en 1969, que aportó al desfile un marcado carácter de sobriedad y recogimiento. La primera imagen en procesionar fue María Santísima del Consuelo, una talla del siglo XVIII que desde hace más de una década es portada a hombros por mujeres, aportando un emotivo simbolismo al conjunto.
El cierre de la procesión lo protagonizó el Santísimo Cristo de Zalamea. Ambas imágenes estuvieron acompañadas por el característico toque de tambores de la hermandad y un repertorio musical que incluyó piezas como Plegaria al Cristo de Zalamea de Francisco Grau, Virgen de Consuelo y Consuelo de Amargura de Antonio Bailén Sarabia, reforzando el ambiente de recogimiento y devoción que define esta celebración.
Con esta procesión, Orihuela dio inicio a una Semana Santa marcada por la tradición, la fe y la participación de cofradías que mantienen vivo un legado cultural profundamente arraigado en la ciudad.
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