Tres cofradías y seis pasos recorrieron las calles en un desfile cargado de simbolismo, emoción y tradición popular
Redován ha vivido, esta noche de Viernes Santo uno de los momentos más esperados y multitudinarios de su Semana Santa con la celebración de la Procesión General, un acto en el que la devoción colectiva se hizo palpable en cada paso, en cada mirada y en cada silencio compartido.
El cortejo, compuesto por tres agrupaciones pasionales y seis pasos, avanzó con solemnidad por las calles del municipio, envuelto en una atmósfera de recogimiento y emoción contenida. Abrió la procesión la Cofradía de la Virgen de la Piedad y Cristo de la Buena Muerte, marcando el inicio de un desfile que conjugó tradición, arte y sentimiento.
Precedido por dos filas de ciriales, hizo su aparición Jesús Penitente “El Nazareno”, una imagen de profunda expresividad realizada por Joaquín Mayans en 1996, portada a hombros de costaleras, cuya cadencia firme y acompasada imprimió un ritmo solemne al inicio del recorrido.
A continuación, desfiló el Cristo de la Buena Muerte, talla de autor anónimo, fechada en los años 50 del siglo XX, que avanzó sobre un trono sobrio llevado por dos hombres por vara, destacando por su sencillez y fuerza simbólica.
Cerrando esta primera parte, la Virgen de la Piedad, obra maestra de José Sánchez Lozano (1949), se presentó ante los fieles como una imagen de dolor sereno y belleza contenida, despertando uno de los momentos más emotivos del desfile.
En segundo lugar, tomó el relevo la Cofradía del Santo Entierro y María Santísima de los Dolores, cuya participación intensificó el carácter solemne de la noche. Abrió su tramo la Virgen de los Dolores, bajo palio, una imagen realizada por Joaquín Mayans en 1999, que avanzó entre el respeto absoluto del público.
Tras ella, y precedido por dos filas de mantillas, desfiló el Santo Entierro, representación del Cristo Yacente en su urna, una talla de autor desconocido datada en 1931, que sumió a los presentes en un silencio sobrecogedor, como si el tiempo se hubiera detenido a su paso.
La procesión alcanzó su culmen con la participación de la Cofradía de la Virgen de la Soledad, encargada de cerrar el cortejo. Su titular, obra de José Sánchez Lozano (1963), mostró a la Virgen sumida en el luto por la muerte de su hijo, procesionando sobre un trono sobrio adornado con una delicada composición floral, que acentuaba la elegancia y el recogimiento de la escena.
Así, Redován volvió a demostrar que su Procesión General del Viernes Santo es mucho más que un acto religioso: es una manifestación profunda de identidad, tradición y sentimiento compartido, donde cada imagen, cada paso y cada silencio construyen un relato que permanece en la memoria colectiva del pueblo.
Puedes ver el vídeo de la Procesión General de Redován aquí:






