En el oleaje de la luz y la sombra: Vientos del pueblo

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Imagen de Joaquín Marín

Por Mateo Marco Amorós

Hace poco, por inteligencia y generosidad de los Reyes Magos –los de «cada cinco de enero»– pude disfrutar con mi familia del espectáculo teatral «Vientos del pueblo», en el Teatre Principal de Palma de Mallorca. Si Pep Tosar, responsable del montaje, pretendía y pretende con la obra «desescombrar» la figura de Miguel Hernández, no solo lo consigue, sino que eleva un monumento fascinante del hombre y poeta, indisoluble hombre y poeta.

Lo consigue rebiografiando la vida de Hernández mediante un selecto colaje de testimonios y versos. Versos recitados y cantados. Recitados principalmente por Tosar y Evelyn Arévalo y musicados por Carles Dénia, Marc López y Èlia Bastida. Si entre los testimonios es verdad que echamos de menos alguna voz que apreciamos por su autoridad entre la legión de hernandianos, las escogidas son oportunas. Como oportunas las imágenes que, unas, nos devuelven una Orihuela perdida: la del río río, urbana y rural, capital de una comarca huertana y costera, Orihuela cosmopolita del Señor y de los señores, de las sotanas, mantillas y pantalones de pana, siempre hechicera para ojos gabrielmironianos; otras, evocadoras, las de una cabra errática que se pasea resuelta entre arquitecturas atiborradas de historia. Testimonios, versos recitados y cantados, imágenes… Y también coreografía, una danza muy expresiva, colmada de sentimientos por Andrés Corchero, bailarín/mimo que encarna al poeta explotando sensibilidades mediante sugerentes gestos rizados.

«Vientos del pueblo» despoja a Miguel Hernández de los aderezos del mito, devolviéndonoslo como hombrepoeta apasionadamente vivo. Un ser inquieto que escribía versos, cartas, teatro… Que escribía y que vivió a corazón abierto lo que le tocó vivir: alegrías, penas, ilusiones, frustraciones, amores, violencias… Un hombre con sus luchas, certidumbres e incertidumbres, con sus contradicciones, con sus heridas. ¡Dios nos libre de las guerras y posguerras feroces! Un hombre de vida breve por tan temprana su muerte. Una muerte evitable porque, como matizan algunos biógrafos, a Miguel Hernández «lo murieron».

Suerte este «Vientos del pueblo» que desescombrado de aureolas lo resucitan útil para nuestro tiempo. Un espectáculo que me gustaría reverlo en el Teatro Circo de Orihuela. Sí, en Orihuela… «tu pueblo y el mío».