Orihuela ante el espejo de su memoria

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Por Aynara Navarro, eurodiputada del PSOE

Desde que PP y Vox gobiernan en Orihuela, la relación de las instituciones con la figura de Miguel Hernández ha cambiado. No de forma abrupta ni con grandes anuncios, sino mediante una sucesión de decisiones, gestos y silencios que revelan una incomodidad evidente con lo que el poeta representa.

No es casualidad. Es una manera de entender la cultura y la memoria.

Desde la Concejalía de Cultura, en manos de Vox, se han sucedido episodios que apuntan en la misma dirección: cuestionar, diluir o desplazar el legado hernandiano del centro de la vida cultural del municipio.

La retirada de elementos explicativos en el entorno del poeta no fue un hecho menor. Fue un mensaje. Se puede hablar de Miguel Hernández, pero mejor sin recordar demasiado quién fue, qué defendió ni por qué le dejaron morir donde murió.

Después, llegó uno de los momentos más simbólicos y dolorosos, el rechazo del Ayuntamiento (con los votos de PP y Vox) a apoyar la anulación de la condena franquista contra el poeta. La ciudad que lo vio nacer decidió no respaldar plenamente la reparación de la injusticia que sufrió.

No es neutralidad.

Es una toma de posición.

Las consecuencias no tardaron en sentirse. La desvinculación de actores culturales del premio de poesía ligado a su nombre evidenció que cuando se envían señales de desinterés o incomodidad hacia el legado de un autor universal, se resiente el prestigio cultural de todo el municipio.

Durante estos meses se ha ido consolidando un clima preocupante: menos impulso institucional, más cuestionamiento de iniciativas, más incomodidad cuando se reivindica al Miguel Hernández completo (el poeta, pero también el hombre comprometido, represaliado y muerto por sus ideas).

Y ahora, el último episodio, la retirada de la financiación para la Senda del Poeta por el IVAJ (Instituto Valenciano de la Juventud)- organismo dependiente del Consell, hoy gobernado por el PP con un apoyo decisivo de VOX, en una línea política que coincide con la que se aplica en Orihuela.

La Senda no es una actividad cualquiera. Es memoria viva. Es el vínculo entre Orihuela y uno de sus hijos más universales. Que hoy quede en el aire mientras las instituciones miran hacia otro lado confirma lo que muchos ya perciben: se está dejando caer aquello que recuerda demasiado.

Podrán decir que son decisiones técnicas, pero cuando todas afectan al mismo símbolo, la explicación es otra.

Lo que incomoda no es el poeta. Lo que incomoda es lo que representa.

Incomoda recordar que Miguel Hernández fue condenado por un régimen autoritario, que fue muerto en prisión, que su obra está atravesada por la defensa de la libertad y la dignidad.

Incomoda porque obliga a mirar la historia sin filtros.

Pero la memoria no es cómoda. Nunca lo ha sido.

Por eso preocupa el rumbo actual. Porque cuando se empieza a tratar la memoria como un elemento incómodo, el riesgo no es solo cultural. Es también cívico.

Pero Miguel Hernández no es un símbolo decorativo. Es parte esencial de la conciencia democrática de nuestro país y de la identidad de Orihuela.

Y Orihuela no puede permitirse ese silencio.

Porque Miguel Hernández no puede entenderse sin su biografía. No puede separarse su poesía de su compromiso, ni su legado de la represión que padeció. Intentar hacerlo es empobrecerlo y, en última instancia, desactivar la fuerza de su ejemplo.

Defender la memoria de Miguel Hernández no es una cuestión partidista. Es una cuestión de respeto a la historia y a los valores que representa.  Es afirmar que Orihuela no renuncia a quien encarna su dignidad.

Hoy, más que nunca, es necesario decirlo con claridad: Miguel Hernández no se arrincona, no se diluye y no se convierte en un recuerdo cómodo para que nadie se incomode.

La memoria no se administra. Se defiende.

Orihuela debe decidir de qué lado está. Y cuando quiera reaccionar, quizá sea demasiado tarde.