Uno de los barrios más característicos de la capital de la Vega Baja ha vivido, este fin de semana, sus días grandes, demostrando, un año más, que diversión y tradición combinan a la perfección
El barrio de San Antón de Orihuela ha vivido, este fin de semana, sus días grandes, con la celebración de la festividad del santo que da nombre al barrio. Miles de personas, procedentes de todos los rincones de la Vega Baja y zonas cercanas, han tenido la oportunidad de conocer, más de cerca, una de las fiestas más tradicionales de la capital de la Vega Baja. A pesar de la previsión de lluvia, el buen tiempo acompañó durante estos días, dando al ambiente una luz única.
Aunque ya el sábado hubo una destacada afluencia de visitantes, sin duda fue el domingo con mayor volumen de público. Ya desde por la mañana, fueron muchos los que se acercaron hasta San Antón para comprar «la pesá». Y es que si por algo sobresale esta fiesta es porque es muy golosa. Los turrones de paniso o de novia, y las características bolas fueron lo más demandado, aunque también había opciones para todos los gustos, como turrones variados, frutos secos garrapiñados, regalices y otras elaboraciones muy pegadas a la tierra.

El momento central de la jornada se vivió tras la Misa, cuando tuvo lugar la bendición de mascotas. Desde perros y gatos, hasta peces, cobayas o hamsters, cientos de personas quisieron encomendar a sus animales de compañía a la protección de San Antonio Abad. Un acto multitudinario que, año tras año, mantiene su popularidad intacta.

Una de las citas más esperadas de las fiestas ha sido el concurso de charlatanes, donde los participantes mostraron, ante el numeroso público congregado a las puertas de la Parroquia, en el paseo, su capacidad de vender una gran variedad de productos, algunos más realistas, otros no tanto, pero que sirvieron para que los charlatanes demostraran sus grandes habilidades de persuasión y creatividad, a la hora de ofrecer objetos de lo más variopintos.


Otro de los grandes atractivos de la fiesta fue el sorteo de la cerda. Durante toda la jornada, fueron muchos los que quisieron verla de cerca, y también a sus crías, que despertaron el lado más tierno del respetable, siendo el principal foco de atención para los más pequeños. El goteo de compradores de papeletas para la rifa fue un goteo constante, síntoma de la popularidad de esta tradición, tan ligada a estas fiestas. Eso sí, cabe destacar que no fueron pocos los vecinos y visitantes del barrio los que mostraron su malestar ante el hecho de que la cerda y sus crías solo se expusieran el domingo, y no también el sábado, cuando ya se habilitó la compra de papeletas para el sorteo.

Paralelamente al programa de actos, el ambiente estuvo amenizado por el mercadillo tradicional, donde vecinos y visitantes pudieron ver desde productos tradicionales hasta otros más convencionales, de prendas invernales, juguetes y regalos. Asimismo, cabe resaltar la feria de atracciones, que fue, sin duda, uno de los grandes atractivos de la fiesta, sobre todo para los más jóvenes.
Un año más, el barrio de San Antón de Orihuela ha celebrado sus fiestas «de invierno», como ellos las llaman, cumpliendo con una de sus tradiciones más arraigadas, que año tras año, va creciendo y consolidándose en el calendario festivo oriolano. Ahora, este característico barrio recupera su pulso habitual, hasta las fiestas «del verano», con un muy dulce sabor de boca.






