Orihuela se viste de luto y devoción en la procesión de “Las Mantillas”

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La ciudad volvió a estremecerse ante el paso de la Mayordomía de Nuestra Señora de los Dolores, un cortejo donde la fe, la elegancia y la emoción se enlazaron bajo el peso del fervor

Bajo un cielo que parecía guardar luto con ellas, Orihuela volvió a estremecerse, este Domingo de Ramos, con la procesión de la Mayordomía de Nuestra Señora de los Dolores. Las calles se llenaron de peinas y mantillas que avanzaban despacio, negras siluetas que marchaban al compás del incienso, emoción contenida y un silencio que tenía más fuerza que cualquier palabra, de esos que sólo la tradición es capaz de conservar intactos.

El cortejo se inició con los característicos y solemnes tonos graves de La Convocatoria, un sonido único y emblemático de la Semana Santa oriolana. Tras él, los cuatro clarines anunciaban la llegada de la única agrupación pasional formada íntegramente por mujeres en Orihuela. Su paso, firme y sereno, estaba guiado por la fe y el amor a la Virgen, acompañándola en su sufrimiento por los siete dolores.

Eran centenares de mujeres las que componían la procesión. De riguroso luto, vestidas con peina y mantilla, avanzaban con paso lento pero firme. Negro el traje, sobria la joya, tenue el maquillaje, pero inmenso el fervor que las unía, formando dos negros ríos de fe, que recorrían las arterias de la ciudad, iluminado el camino al Sepulcro con los elegantes cirios que portaban.

El primero de los dos tercios en desfilar fue el del Cristo de las Santas Mujeres, una talla del escultor José Vázquez, realizado en los años 90, cargada sobre un trono sencillo de dos varas, decorado con sus habituales flores moradas, en recuerdo del dolor físico de Cristo durante su Pasión. El acompañamiento musical no pudo ser más acertado: La Muerte no es el final. La pieza de Cesáreo Gabaraín resonó con un claro mensaje. Aunque la vida terrenal se acabe, el alma siempre vive, porque la muerte no es el final.

Tras él, llegó la imagen titular de la Mayordomía, Nuestra Señora de los Dolores, obra del insigne Federico Coullaut-Valera (1943). La Virgen, con el rostro marcado por un dolor que se vuelve humano y divino a la vez, simboliza el instante del descendimiento, ese momento en que una madre, rota de pena, abraza a su hijo, que ya está en las manos de Dios.

Otro de los detalles que nos dejó esta procesión fue la participación del Caballero Cubierto 2026, Luis Miguel García Lozano, portando el estandarte de la escalera. Una labor en la que estuvo acompañado por las Armengolas 2025 y 2026, Mª Ángeles Esteban y Pilar Hernández, respectivamente. Un gesto sencillo pero poderoso, en el que las dos fiestas más importantes de la ciudad, Semana Santa y Moros y Cristianos, se dan sutilmente de la mano.

Y en ese gesto inmortal, toda Orihuela lloró con ella. Desde los balcones, desde las aceras, desde el corazón mismo de cada vecino, un silencio compartido se convirtió en oración. La procesión concluyó con la presencia majestuosa de la Sociedad Compañía de Armaos, dando un cierre que contrastaba con la sobriedad del cortejo.

Un Domingo de Ramos más, Orihuela volvió a vestirse de negro, respeto y fe, y en cada paso de “Las Mantillas”, resonó la certeza de que el amor por el Hijo, traspasa hasta la eternidad.

Puedes ver el vídeo de la procesión de la Mayordomía de Nuestra Señora de los Dolores aquí: