Ruinas monumentales, ruinas históricas

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Mateo Marco Amorós / A cara descubierta

Joaquín Marín / Fotografía

Hay conceptos que los carga el diablo. Como las armas. Así los adjetivos para ruina –»histórica» o monumental»– que se utilizan para catalogar nuestro patrimonio. La riqueza del español hace que en determinados contextos palabras o expresiones tengan mucha potencia semántica. En ocasiones indomable. Le ha pasado al PSOE con su eslogan de campaña en las recientes elecciones: «Haz que pase». Que en castellano lo mismo sirve para desear que suceda una cosa o para desear que deje de suceder. «Haz que pase»: Haz que venga o que se vaya. «Haz que pase»: Haz que sea o que no sea. Pronto la oposición sacó partido a la frase contra el líder Pedro Sánchez. Mas vistos los resultados, el electorado hizo lectura positiva.

Pero en este periodo de entre-campañas descansemos de política y hablemos otra vez de patrimonio. No obstante, política al cabo. Política cultural. Y otra vez hablemos del castillo de los moros en Orihuela, declarado «Monumento histórico-artístico» –¡entre los de la provincia de Murcia!– el tres de junio de 1931 (Gaceta de Madrid, 4 de junio de 1931, p. 1.183). Y como ya ha llovido desde entonces, catalogado en la actualidad como «ruina histórica» o «ruina monumental», es cada día más ruina. Ruina «histórica» ciertamente, ruina «monumental». Pero viendo la realidad pesan ahora otras acepciones de los calificativos. «Histórica» porque su ruina hace historia o es digna de pasar a la historia; monumental porque su ruina es enorme, muy grande, gigantesca.

Insistimos, en Orihuela se nos desportilla la historia. Y convertida en fango la pisoteamos. Ahí está el castillo de los moros pero también los restos de muralla, la iglesia de San Agustín, el palacio de Rubalcava… Pastos de los elementos. Pero también del abandono político.

Las piedras se quejan. Crujen haciéndose tiestos. Los físicos hablan de la fatiga de los materiales y aquí los materiales están exhaustos. Agotados. Los materiales se cansan y, con el tiempo, se rompen. Y más si viven abandonados. «Llave y defensa de todo el reino de Valencia» que dijo Zurita hace siglos del castillo de Orihuela; castillo de los «más fuertes y hermosos» que dijo hace siglos el canciller Ayala. Hace siglos. Siglos.

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