La ciudad se vistió de verde y carmín en un cortejo único
Cuando el reloj marcaba las ocho en punto de la tarde, y el cielo de Orihuela se teñía de un azul que aún se resiste a rendirse al negro, la Cruz Guía de la Hermandad de El Prendimiento se alzó sobre la ciudad, abriendo uno de los cortejos más vibrantes y coloridos de la Semana Santa de Orihuela. Detrás, los nazarenos visten esa paleta única que define a la Hermandad: el blanco puro de la túnica que evoca pureza, el verde esperanza que brota como los olivos de Getsemaní, y luego, más adelante, el gris perla y el carmín que arden como sangre contenida y dignidad herida. Bajo las farolas que parpadean como estrellas caídas, ese colorido se convierte en un río de luz y sombra que inunda las aceras, pintando la noche con un gran colorido que deslumbraba bajo las luces del atardecer.

La Guardia Civil, cuerpo estrechamente unido a la agrupación pasional, asumió un papel protagonista desde el inicio de la procesión. Desfilaron en grupos repartidos durante todo el cortejo, incluso con acompañamiento musical, con la sobriedad de quien honra una devoción muy arraigada, y escoltó con respeto y orden los tres pasos que conforman esta agrupación pasional.
Tras el pelotón infantil, apareció el tercio de la Oración en el Huerto, encabezado por su estandarte del cáliz, símbolo inseparable de esta escena. Bajo un olivo, Jesús aguarda su destino, mientras un ángel de alas extendidas le ofrece el cáliz. La escena, nacida de las manos maestras de Federico Coullaut-Valera en 1949, exhala una paz previa a la tormenta, el último instante de soledad antes de que se cumpla la voluntad del Altísimo.
Seguidamente, desfiló el tercio de la Negación de San Pedro, el más joven de la Hermandad en cuanto a cronología, pero no por ello con menos carga simbólica. Realizado en 1958, Coullaut‑Valera dio forma a esta escena que recoge uno de los momentos más humanos del Evangelio: la fragilidad de quien ama y, sin embargo, niega. Entre sus figuras secundarias, dicen algunos que se intuyen rostros inspirados en grandes nombres del cine español, como Sara Montiel o Adolfo Marsillach, guiños discretos del escultor a las estrellas de su tiempo.
Con la llegada del tercio titular, el Prendimiento, el blanco y el verde cedieron el protagonismo al gris perla y al carmín, colores que parecían encenderse a la luz temblorosa de los cirios. El paso titular, también obra de 1947 del maestro Coullaut‑Valera, avanzaba con una teatralidad contenida, dejando que fuera la expresión la que hablara en cada rostro del paso. La escena estalla en tensión contenida. San Pedro, furioso y leal, levanta la espada hacia Malco; los soldados se abalanzan; y en el centro, Jesús, sereno como un mar en calma, ofrece las manos con una dulzura que desarma. La expresión de las tallas no necesita palabras: grita resignación, amor infinito y una firmeza que atraviesa el alma de quien mira.
Cerraron el cortejo las autoridades de la Hermandad y eclesiales vinculadas a la agrupación, una sección en la que pudieron verse rostros muy conocidos de la sociedad oriolana, como el Caballero Cubierto 2026, Luis Miguel García Lozano, el presidente de Caja Rural Central, Manuel Ruiz, el concejal de Costa de Orihuela, Manuel Mestre; así como diversos cargos de la Hermandad y demás personalidades. Todos ellos fueron testigos de la importancia social y espiritual de este desfile. Tras ellos, como broche solemne y sonoro, desfiló la Centuria Romana de Nuestro Padre Jesús, “Los Armaos”, poniendo punto final a la primera procesión del Lunes Santo oriolano con el inconfundible eco de sus pasos y sus armaduras.
En esta noche de sentimientos a color de piel, la Hermandad del Prendimiento volvió a demostrar que la fe también puede expresarse en forma de escena viva, donde cada gesto, cada nazareno y cada mirada se convierten en una página más de la historia cofrade de Orihuela.
Puedes ver el vídeo de la Procesión de la Hermandad de El Prendimiento de Orihuela aquí:






