Pedro Alfaro García imparte una clase magistral de geología con la referencia del terremoto en Torrevieja

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Este acto, presentado por Ana Meléndez, directiva de Ars Creatio, era el primero de la séptima edición de «1829, Torrevieja tiembla»

El viernes 20 de marzo de 2026, a las 19.30 horas, en el Palacio de la Música, tuvo lugar la conferencia «La realidad sísmica de Torrevieja y la Vega Baja», pronunciada por Pedro Alfaro García, catedrático de Geodinámica Interna de la Universidad de Alicante. Este acto, presentado por Ana Meléndez, directiva de Ars Creatio, era el primero de la séptima edición de «1829, Torrevieja tiembla», que cada año viene organizando la asociación cultural, y que continuará este fin de semana con dos rutas históricas por la ciudad. Asistieron las concejales Sandra Sánchez y Diana Box.

Comenzó el ponente comentando sendos mapas de la península Ibérica y de la región valenciana (en la que anualmente se registran más de quinientos temblores), donde se apreciaba la alta sismicidad de la zona sur. Antes de centrarse en el de Torrevieja (de magnitud entre 6’3 y 6’9, según autores, y que causó 389 muertes), refirió el terremoto de Jacarilla-Torremendo de 1919, el mayor acaecido en el último siglo en nuestro país.

A continuación, siempre apoyando su explicación en imágenes, Pedro Alfaro detalló las causas del terremoto del 21 de marzo de 1829, por la fricción entre las placas tectónicas de Eurasia y de Nubia (África), que generan una zona de deformación sísmica entre Andalucía oriental y Marruecos prolongada hasta Alicante (como ejemplo cercano, hace menos de tres años se produjo el seísmo de Marrakech, de magnitud 6’8, similar a la del que rememoramos). Durante millones de años, la placa africana se mueve unos cinco milímetros anuales. Al colisionar ambas, se genera un tren de pliegues (antiformes y sinformes, en forma de A y de V respectivamente), que siguen formándose en la actualidad, como demuestra el conocido perfil irregular del trayecto entre Alicante y Torrevieja. Concretando en nuestro municipio, Cabo Cervera es un pliegue antiforme; y las salinas, sinformes.

Cuando la tensión entre las placas es muy elevada, se produce la rotura (falla) de las rocas. El río Segura discurre en paralelo por la zona sinforme de la falla de la Vega Baja. Ésta se deriva en otras que rompen hacia el sur, una de las cuales lleva el nombre de Torrevieja por pasar por la ciudad. Se ha medido la velocidad de desplazamiento de la falla del Bajo Segura: entre 0’5 y 0’7 milímetros al año, más lenta que las de otras zonas sísmicas del mundo.

Como dato significativo, el conferenciante refirió que la provincia de Alicante está aumentando su extensión, porque este movimiento hace emerger zonas que antes estaban bajo el mar; expuso mapas comparativos de hace ocho millones de años con la actualidad. Como estos pliegues continúan mar adentro, hay riesgo de tsunamis, si bien de una intensidad mucho menor que el de 2004 en el Índico. Pedro Alfaro pidió la colaboración de seis asistentes para explicar de forma práctica toda la teoría anterior: cogidos de la mano, tres tiraban en un sentido y otros tres en el contrario; primero se desviaban los hombros y la tensión se acumulaba en los brazos, hasta que se producía la separación de los grupos (falla). Esta rotura produce el terremoto. Los grandes siempre tienen réplicas, porque la superficie rota tiende a ajustarse; a este respecto, el de Japón tuvo cientos de miles, alguna de ellas de magnitud 7.

La magnitud (energía liberada transformada en calor y ondas elásticas) depende del tiempo (cientos de años) que las placas han estado en tensión, del desplazamiento y de la superficie de rotura. En un gráfico fueron comparadas las de los terremotos de Lorca y Japón (ambos de 2011): la energía de éste fue 710.000 veces superior a la de aquél. Aunque la falla de Torrevieja es más pequeña y lenta, puede alcanzarse una magnitud 7; además, esta falla no terminó de romper en 1829, sino que aún quedan fragmentos por separarse. Las consecuencias de aquel terremoto fueron agravadas por el efecto de sitio (el sedimento del río Segura es blando y rebota más, amplificando la señal) y por la licuefacción sísmica (el agua separa los granos de arena y la convierte en movediza).

Como reflexión final, el ponente midió el riesgo como el producto de tres factores: peligrosidad, exposición y vulnerabilidad; cuando uno de ellos es nulo, también lo será el riesgo. Dado que la peligrosidad no puede evitarse (las fallas no se detienen), y la exposición requeriría medidas a muy largo plazo (las poblaciones humanas no pueden salvar todas las zonas de peligro), habríamos de centrarnos en el factor clave, la vulnerabilidad. Para hacer frente a nuevos terremotos, necesitamos conocer nuestras fallas apoyando la investigación, construir mejor con normas sismorresistentes (son viables edificios que resistan una magnitud 7, la máxima esperable), la preparación de servicios, los sistemas de alerta temprana y las medidas de autoprotección (los que el ponente llamó sismolacros). A este respecto, recordó el caso de Tilly Smith, la niña británica que avisó, al ver la retirada del mar, del tsunami (el de 2004) que se avecinaba, según había aprendido en el colegio; esto salvó cientos de vidas al desalojarse esa playa de Sumatra.

Alternando con las interesantes preguntas de los asistentes, Pedro Alfaro refirió algunos mitos que circulan, como la falsa creencia de que Torrevieja puede sufrir un tsunami como el de Japón (las olas serían mucho más pequeñas y habría unos minutos para evacuar), el error de que los terremotos pueden predecirse o el de que los pequeños liberan una energía que evita los grandes, hasta el de que han aumentado a causa del cambio climático.

Josefina Nieto, presidente de Ars Creatio, entregó al ponente, como obsequio por su participación, la metopa de la entidad, que durante estos años ha contribuido a concienciar a la población, sin llegar a la alarma, de la necesidad de estar prevenida. También han aumentado los sismolacros —tomamos prestado el neologismo— en los centros escolares. Nada mejor que conocer el terreno y su historia y, en este caso, transmitirlo de la manera en que lo hace Pedro Alfaro, que tuvo pendiente al público hasta la última palabra de su conferencia.

Pedro Alfaro García

Catedrático de Geodinámica Interna de la Universidad de Alicante. Coordinador científico de la Red Sísmica de la Comunidad Valenciana (SISCOVA) y director de la cátedra de Sismología y Geología de Terremotos de la Universidad de Alicante. Su principal línea de investigación se centra en fallas activas y efectos sobre el terreno de terremotos. Ha trabajado principalmente en la cordillera Bética (Andalucía, Región de Murcia y provincia de Alicante), y en California o la Antártida. Paralelamente a su actividad investigadora, ha desarrollado una amplia actividad de divulgación científica como coordinador del equipo de trabajo GeoAlicante (www.geoalicante.es), que organiza actividades como Geolodía Alicante.