Berlín

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Imagen de Joaquín Marín

Por Mateo Marco Amorós

A mi familia Dibbern Galbis

Pasear por Berlín resulta un continuo estamparse, sí, estamparse con la historia contemporánea de Europa, una historia triste en muchos aspectos. Cada paso trae un recordatorio de cuando sobre la tolerancia se impuso la intolerancia de los totalitarismos antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Recordatorios que testimonian el pasado como cicatrices imborrables. Cicatrices que duelen.

Ahí esa torre arruinada de la Iglesia memorial del káiser Guillermo y, por doquier, las señales de metralla sobre pórticos, fachadas y columnas. Ahí esos stolpersteine –piedras de tropiezo– adoquines biográficos que nos catapultan desde la rutinaria vida doméstica al infierno de los campos de exterminio. Ahí esos bloques ortoedros en espacio inclinado que nos sumergen en un laberinto de agobios, penas y silencio. Ahí, ese asomo de biblioteca subterránea con estanterías vacías, sin libros. Ahí el muro, los restos del muro y costurón de adoquines sobre el asfalto atestiguando donde fue, mole aparentemente frágil pero infranqueable, mojón donde todavía respira la frustración frente a los anhelos de libertad.

Recorriendo los restos del muro por el lado este, convertido en una galería de murales, kilómetro y pico, me entretengo en aquellos que llaman mi atención. Entre estos, el pintado por Mikhail Serebrjakow, una mano, pulgar hacia arriba, gesto de acuerdo, muy popular entre los emoticonos, pero aquí tramposamente obligado por estar amarrado el pulgar a la muñeca mediante argollas y cadena tensa, imposible de variar la aprobación. Por lo que un símbolo positivo deriva en símbolo de esclavitud, inevitable el sí o sí. Otro el que recrea el beso fraternal socialista que en 1979, fotografiado por Regis Bossu, se dieron Brezhnev y Honecker, reafirmando la sintonía entre la URSS y Alemania Oriental. Pintado por Dmitri Vrúbel tras la caída del muro, el texto que lo acompaña es un texto crítico. Traducido dice: «Dios mío, ayúdame a sobrevivir a este amor mortal». Plegaria contestataria, denuncia contra la tiranía comunista, que hubiera sido reprimida en la guerra fría.

Galería de murales, kilómetro y pico. Imágenes sugerentes para diversas lecturas. Que nunca se nos vicie la mirada ni el talento creativo por faltarnos la libertad.