Las huestes del Rey Fernando reconquistan la Orihuela medieval

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La comparsa Caballeros del Rey Fernando lideró una Entrada Cristiana en la que la música, el fuego y la convivencia entre las tres culturas medievales tuvieron un gran protagonismo

Este viernes, las calles de Orihuela se vistieron de gala para acoger la Entrada Cristiana, la primera gran noche de las Fiestas de la Reconquista y de Moros y Cristianos. Ni el intenso calor ni el bochorno persistente diluyeron el ánimo de festeros y público, que vivieron un desfile en el que las huestes de la cruz echaron el resto para demostrar que el bando cristiano sigue más vivo que nunca.

Abrió el cortejo el tercio de estandartes de la Asociación de Fiestas y, tras ellos, pudo verse a la Armengola 2026. Pilar Hernández estuvo visiblemente muy emocionada, un sentimiento que fue in crescendo gracias al calor de los oriolanos, que la acompañaban entre vítores. y aplausos. Como viene siendo habitual, la acompañaron una fila escolta femenina y otra masculina, en las que pudieron verse caras bastante conocidas, como al presidente de la Asociación de Fiestas, Enrique Riquelme, al Embajador Moro 2026, Francisco Sánchez Mateos, o al Embajador Moro 2025, Francisco Javier López. 

Posteriormente, el boato de la Embajada comenzó a desplegarse como si fuese un cuento visual. Bajo el título de «El sueño de Orihuela», Caballeros del Rey Fernando relató la Reconquista de una forma fidedigna a los relatos históricos. Una representación que encabezaron las banderas antigua y nueva de la comparsa, como signo de renovación y continuidad.

El boato estuvo dividido en tres partes. La primera estuvo centrada en la unión entre las tierras conquistadas y la construcción de los nuevos reinos castellanos. Los pendones de Castilla y León, bajo el mando del rey Fernando III y su hijo, el infante Alfonso, avanzaban por las calles al ritmo de la percusión. Todo ello con un propósito: extender su dominio hacia la fértil Orihuela y toda su vega. Las luchas cuerpo a cuerpo se suceden siempre a favor de la cruz, que suma extensas conquistas, en todo el flanco sur peninsular (Murcia, Córdoba o Sevilla). Unas victorias que se reflejan en las filas de festeros, que celebran exultantes la expansión de la Corona de Castilla. 

El segundo bloque del boato se centró en la convivencia, porque la Reconquista siempre fue algo más que una guerra, también tuvo su lado más humano. Abrió esta sección la Bandera de la Embajada, en la que pudieron verse bordados los nombres de todos los embajadores que ha tenido hasta ahora la comparsa. Seguidamente, se pudo ver ese reflejo de convivencia pacífica entre cristianos, musulmanes y judíos. Las tres culturas medievales mantuvieron su tranquila coexistencia, a pesar del ruido de sables y del fragor de la batalla.

Precisamente en este bloque pudo verse uno de los elementos más llamativos de la noche, una fila invitada de representantes de todas las comparsas del bando moro, con trajes de media gala. Un gesto que representa, precisamente, esta pacífica convivencia entre moros y cristianos.

El tercer y último bloque tuvo como gran protagonista al fuego. Y es que, según el relato, este elemento fue el que reveló al rey Fernando III las riquezas de Orihuela. Por muchos motivos, el monarca sabía que nunca la podría pisar, pero antes de marchar de este mundo y ser elevado a los altares como santo, quería que la Uryula mora pasase a sus dominios. Ese sueño mostró a Fernando cómo sus leales tropas avanzaban victoriosas por la Vega del Segura. Las filas se movían con gracia y esmero, avanzando al ritmo de las marchas.

Tras las tropas, pudo verse la primera carroza de la noche. Con una estética de iglesia gótica, sobre ella iban los cargos de la comparsa para este 2026: el Socio de Honor, José Manuel Ruiz; el Capitán Cristiano, Dante Rubio; y las favoritas del Embajador, papel que recayó sobre sus hermanas Mari Carmen y Paqui Aparicio. 

La escolta del embajador no pudo ser más magnífica. Su mítica espada Lobera fue la gran protagonista. Un elemento inseparable de la leyenda del rey santo, que era capaz de moverse con gracia, sobre todos los elementos, incluso por el fuego. Las filas de escolta avanzaban al ritmo de Orcélita, una nueva marcha dedicada al embajador por su autor, Javier Guil.

Y no hay mejor escolta para un rey que sus propios antecesores. En una carroza que simbolizaba a un águila, avanzaba el Embajador Cristiano 2026, Eduardo Aparicio, con un destacado traje blanco con brillantes. Junto a él, Francisco Javier Ruiz (Embajador Cristiano 2008) y Antonio José Rubio (Embajador Cristiano 2016). Los tres conformaron un conjunto que rezumaba historia de las fiestas de Orihuela. Tres personas, tres épocas, tres formas de entender y vivir la fiesta, unidos por una causa común, el estandarte de la cruz. Un broche final a un boato que finalizó con un gran castillo de fuegos artificiales, y que maravilló al público de Orihuela, que guardará en su memoria un desfile que ya es historia de las Fiestas de la Reconquista.