Por Mateo Marco Amorós
Miguel Hernández vive. Palabrita del Niño Jesús que vive. Y vive en Jaén. Yo lo vi. El sábado nueve de mayo lo vi callejeando por la calle Roldán y Marín de la capital jienense, donde las casetas de la trigésimo novena Feria del Libro. Por allí deambulaba el poeta oriolano recitando sus versos y comentando andanzas, preocupaciones, sentires… Contándonos su vida, sus porqués, sus ilusiones, sus penas y amores. Vivo como un hombre vivo. Entre chaparrón y chaparrón, porque aquella tarde llovió con ganas, a ratos pero con ganas, Miguel Hernández vivo; hablándonos entre lluvias, acompañado de un violinista que adornaba sus palabras de poesía y vida con hermosas melodías.
Miguel Hernández vive en Jaén porque Jaén lo ha hecho suyo. Jaén en particular y Andalucía en general. Si no es difícil hacer propia una voz universal, para Jaén, con Miguel Hernández, es más fácil; convirtiendo el poema de los aceituneros altivos en seña de identidad. Y al poeta en paisano. Recuerdo que en su día, corría 2008, no nos extrañó que el cantautor Paco Ibáñez incluyera a Miguel Hernández como poeta andaluz en su homenaje a los poetas andaluces. Miguel Hernández cantado por Ibáñez como poeta andaluz junto a Góngora, Lorca, Machado, Bécquer, Alberti, Cernuda y Fanny Rubio. Es lo que tiene ser universal. No caben fronteras.
Sí, la otra tarde por Jaén, Miguel Hernández vivo pasturando versos y vida. Miguel Hernández vivo de la mano exquisita de la compañía de Teatro La Paca. Poniendo carne y hueso al alma del poeta. Una compañía que con otros montajes viene reivindicando a Hernández como valor especialmente para jóvenes. No en vano, nuestro amigo, el estudioso Jesucristo Riquelme tituló una de sus antologías así: Miguel Hernández. Un poeta para espíritus jóvenes.
Que sí. La otra tarde lo del Teatro La Paca, pero también en Jaén, en los Baños Árabes –espacio cultural de obligada visita– hay una sala muy digna dedicada al poeta. Y también en la provincia de Jaén, que nunca se nos olvide, Quesada, donde estimado y mimado el legado hernandiano que aquí, en su pueblo y el mío, perdimos.





