Por Miguel Ángel Robles
Gracias a Franco, Maricarmen pudo vivir en una zona privilegiada de Madrid muchos años, pero unos ministros fascistas del PSOE cambiaron la Ley de Arrendamientos Urbanos, y nuestra heroína tuvo que sobrevivir esquivando una legalidad que se cebaba en los pobres inquilinos, favoreciendo a los especuladores. Boyer y Borrell intentaron echar a todas las Maricármenes de España. Hoy los manifestantes de Sol y los sindicatos añoran la muy socialista ley franquista y han enviado a un marqués, gerente de fondos buitre, como portavoz de los vulnerables, para explicar a la plebe que la derecha es la culpable de que el Gobierno no haya hecho nada en materia de vivienda. Hasta aquí los hechos.
Las manifestaciones se han multiplicado (y las que vendrán) contra la oposición, única diana posible según María Jesús Montero, y han despejado las dudas del jefe del ejecutivo que, por fin, ha convocado elecciones tras escuchar el clamor de la calle. Es el momento, la gente está contra la ultraderecha que no protege. Las reclamaciones parecen legítimas y no pueden solucionarse en unos días, lo que permite al presidente realizar una campaña firme y convincente. El lema está claro, destila suavemente con perfume perroflaútico: Franco sí era socialista, la ultraderecha no. Y la disyuntiva cívica cae por su propio peso: “o con Franco o con los desahucios”, la izquierda nunca ha tenido tan claro su horizonte. Las calles van a arder, a ver quién es capaz de resistir un eslogan tan fuerte, con tanto tirón, además Ayuso le ha dejado a Sánchez la campaña hecha; no sé bien por qué, pero hablar de Pedro sin criticar a Ayuso, como que no queda bien, ¿no?
¡POR FIN! tiene Feijóo lo que pedía, hasta en diez ocasiones lo repitió, y nos ha endilgado un discurso galvanizante, lleno de ideas novedosas como que él es el cambio o que con él los impuestos se van a gestionar mejor; de bajarlos no se oyó nada. Estas reflexiones compartían Juan Soto Ivars y su alter ego, Jose, así sin tilde, en uno de sus vídeos, entre risas e impávida estupefacción. Risas, porque es el mejor bálsamo ante la desolación y estupefacción por la alarmante evidencia de que el PP y su carismático líder siguen en los mundos de Yupie sin ser ni medianamente conscientes de que no estamos en un proceso electoral normal y, por tanto, no se pueden plantear las elecciones con los mismos mantras y frases hechas de siempre.
Diez minutos empleó Rajoy, digo Feijóo, en decirnos que estaba preparado y que, por edad, se hace evidente que no tiene más interés que servir a España. Sinceramente, son argumentos que hasta ahora estaban inéditos en nuestra comatosa democracia. Ah, también dijo y ahí sí que me ganó, que él no nos iba a fallar, otro destello de originalidad. Al final, sus potenciales votantes tenemos la sensación de que va a ser lo mismo, pero con más educación o con más higiene, como utilizó el propio don Alberto.
Su apuesta por la normalidad institucional está vacía si no entiende, como le recordaba el muchacho este del pelo lacio, que no estamos ante “cuatro años más de lo mismo o el cambio”. No. Serían cuatro años de demolición sistemática de la arquitectura constitucional, de impugnación de la monarquía, de desplazamiento de España a los márgenes más marroneros de la política exterior, de crecimiento bolivariano del Estado y de disolución definitiva de los principios de convivencia y alternancia política. Serían cuatro años de un muro que toma tintes de paredón entre españoles, de frentepopulismo, de fomento de la intransigencia a la mera posibilidad de que pueda gobernar “el otro”, de intimidación mafiosa, como han hecho con la juez Beatriz Biedma.
Como le recordaba este tipo delgaducho que fuma mientras habla, no es consciente, Raijóo o Feijoy, de cuánta gente y cuánto le odian. Un odio que ha sido metódicamente inoculado desde la televisión pública y todas las terminales mediáticas sobre las que pueden ejercer influencia. Un odio mostrenco que se cultiva en las aulas de los colegios, los institutos y las universidades con la doctrina woke que todavía el PP defiende. Y Núñez hablando de buena gestión.
Usted está ante un reto histórico, ante una empresa que no puede gestionar un burócrata eficiente y atildado. Los jóvenes no le siguen porque les aburre, porque no se lo creen, porque desconfían de los partidos mainstream. España necesita que se desmonte desde el primer minuto de gobierno todo el entramado que la ultraizquierda que nos gobierna ha montado, dejando claro que no habrá cupo catalán, que la inmigración será tratada como el gigantesco problema que es, que la propiedad privada es sagrada y quien ocupe una casa va a la cárcel o que Ceuta y Melilla serán plazas fortificadas que muestren a Marruecos que se acabó la fiesta. Pero nadie puede creer a un partido miramelindo que todavía a fecha de hoy apoya en las Cortes que la violencia vicaria es específica del hombre y cuando la ejerce una mujer es otra cosa. España no necesita Irenes Montero tintadas de rubio ni Belarras de Chanel.
La izquierda ha interiorizado el discurso frentista de Sánchez, este desde el poder les va a dar todo el apoyo posible y, si tiene un resultado decente como parece, desde la oposición hará lo mismo. El PP y Vox van a sufrir una campaña terrible, pero “aguicalimón” con lo que intentarán una vez estén en el poder, si lo logran. No les importa España, por eso sus banderas son republicanas, LGTBQ o de Palestina, a usted sí debería importarle y asegurar que en nuestro país todos los niños, estén donde estén, puedan estudiar en español.





