El joven almoradidense, recién graduado en Magisterio, publica Natural como la huerta, su primer libro, una colección de 28 poemas en la que transforma emociones, recuerdos y vivencias en versos ligados a la Vega Baja
Sergio Hernández es un joven de Almoradí recién graduado en Magisterio que acaba de dar el salto a la publicación con Natural como la huerta, su primer pequeño libro de poesía, compuesto por 28 poemas.
La obra nace de una necesidad personal: escribir como forma de desahogo y utilizar la naturaleza, la tierra y el paisaje de la Vega Baja como refugio para canalizar emociones, miedos, dudas y procesos de crecimiento personal. Al mismo tiempo, el libro supone un homenaje a sus raíces, a su familia y al entorno en el que ha crecido.
Hernández reconoce que nunca se había planteado convertirse en poeta. La escritura surgió de manera espontánea, casi como una herramienta para expresarse. “Yo no me considero poeta”, explica. Para él, escribir comenzó simplemente como una manera de desahogarse y poner sobre el papel aquello que llevaba dentro.
Poco a poco empezó a compartir sus poemas con personas cercanas y las reacciones fueron positivas. Ese respaldo le animó a continuar escribiendo y recopilando textos. Hasta que un amigo le planteó una posibilidad que hasta entonces no había contemplado: convertir aquellos poemas en un libro.
“Me dijo: ¿por qué no lo profesionalizas y lo haces libro? Así también lo vas a dar a conocer y la gente puede disfrutarlo”, recuerda el autor.
A partir de ahí comenzó a dar forma al proyecto hasta convertir una colección de escritos personales en Natural como la huerta.
Un libro que nació casi por casualidad
Los primeros poemas tienen un origen especialmente curioso. Hernández recuerda que comenzó a escribir durante su etapa universitaria, mientras estudiaba Magisterio. Uno de sus profesores era poeta y comenzó a introducir los haikus, composiciones poéticas breves de origen japonés.
Aquella experiencia despertó su curiosidad y decidió probar.
“Dije: voy a intentar crear alguno, a ver si me sale”, recuerda.
Algunos de aquellos primeros haikus terminaron formando parte del libro. El primero que escribió se titula El poder y dice:
“Actitud y sin arma,
corazón y sin escudo,
almas perforó”.
A partir de aquellos primeros versos, la escritura fue creciendo de forma progresiva hasta convertirse en un proyecto más amplio.
La decisión definitiva de publicar llegó después de compartir sus poemas con distintas personas y recibir sus opiniones. “Vi que había algo de solidez y que igual quería compartirlo”, explica.
No se trataba únicamente de publicar por publicar, sino de abrir al lector una parte de sí mismo: “Son cosas del día a día, cosas que son mis sentimientos o cosas que sigo viendo y quiero compartir”.
La huerta como símbolo de vida
El propio título del libro, Natural como la huerta, resume buena parte de la esencia de la obra. La naturaleza aparece constantemente en sus poemas a través de elementos cotidianos de la Vega Baja: tomates, flores, rosas, el mar o la propia huerta. Son imágenes que Hernández utiliza para hablar de sentimientos y experiencias personales.
“Para mí tenía personalidad y tiene toda la simbología de casi todos los poemas”, señala.
La elección de la huerta tampoco es casual. El paisaje de la Vega Baja está estrechamente ligado a sus recuerdos de infancia y a su identidad. Hernández creció en Almoradí rodeado de ese entorno. Recuerda las costumbres familiares, las visitas a la huerta y los momentos relacionados con la tierra. Una relación que, según explica, se hizo todavía más fuerte cuando pasó un tiempo viviendo fuera.
“Cuando has estado afuera viviendo, se arraiga un poco más esa raíz y esa melancolía de tu tierra”, afirma.
Por eso, la Vega Baja no aparece en el libro únicamente como escenario, sino como parte de la propia identidad del autor.
Los abuelos y la memoria familiar
Entre los poemas de Natural como la huerta también ocupa un lugar importante la memoria familiar. En textos como Instinto y raíces, aparecen recuerdos vinculados especialmente a sus abuelos. Uno de ellos está relacionado con su abuelo materno, que tenía un huerto y acostumbraba a llevar a Sergio en coche para recoger tomates, limones y otros productos. Son recuerdos aparentemente sencillos que, con el paso del tiempo, adquieren un significado especial.
“Esa parte de esa bondad y esa forma de trabajar, de querer a la familia”, explica el autor, forma parte de aquello que quiso trasladar al papel.
También dedica versos a otros abuelos y abuelas que ya han fallecido. En esos casos, la poesía se convierte en una manera de conservar recuerdos y momentos compartidos.
“Siempre los he tenido cerca y me han enseñado muchísimo”, afirma.
Mostrar la riqueza de la Vega Baja
A través de sus poemas, Sergio Hernández también quiere acercar la Vega Baja a quienes no conocen la comarca. Su intención no es realizar una descripción turística del territorio, sino transmitir las sensaciones y emociones que despiertan sus paisajes. En sus versos aparecen el mar, la montaña, las flores, la huerta y distintos rincones que forman parte de su imaginario. Todos ellos se convierten en símbolos con los que hablar de cuestiones universales.
“Hay mucha riqueza tanto emocional como geográfica en esta parte de la región”, sostiene.
Su deseo es que quienes lean el libro puedan conectar con esos elementos y descubrir, a través de ellos, una tierra en la que las raíces y la identidad tienen un peso especial.
Escribir para entender lo que lleva dentro
Más allá del paisaje y los recuerdos familiares, Natural como la huerta es también un ejercicio de introspección. El autor comenzó a escribir para desahogarse y terminó descubriendo que tenía una capacidad que desconocía: transformar dolores, incertidumbres y situaciones cotidianas en imágenes y palabras.
“Me sorprendió la capacidad de poder expresar y evocar en imágenes, o en este caso en la escritura, dolores y situaciones del día a día y expresarlo de una forma que pudiera ser poética”, explica.
La escritura le permitió observar aquello que llevaba dentro y darle una forma diferente.
“Poder convertir esos dolores o esas incertidumbres que llevamos dentro en algo bonito”, resume.
Escribir sobre el miedo, el dolor o las dudas también le ayudó a comprender mejor sus propias emociones. Ponerlas sobre el papel le permitió observarlas desde otra perspectiva y profundizar en cuestiones que quizá no había identificado previamente.
Uno de los conceptos que atraviesa el libro es precisamente el de la naturalidad. Para Hernández, ser natural significa no renunciar a la propia esencia y actuar desde aquello que uno siente.
“Para mí ser natural es ser puro. No cambiar tu esencia, hacer las cosas que te salen del corazón”, explica.
En una sociedad marcada por la necesidad de encajar y por la imagen que muchas veces se proyecta en redes sociales, el autor reivindica también la importancia de mostrar los sentimientos y expresar el afecto. En su visión, el amor y la pasión son motores fundamentales y forman parte de esa manera de entender la vida desde la autenticidad.
Una voz propia sin buscarla
Después de escribir sus primeros 28 poemas, Sergio Hernández reconoce que todavía no se había planteado realmente la posibilidad de convertirse en escritor. Su recorrido ha sido inverso: primero llegó la necesidad de escribir y después la publicación.
“Primero nació el desahogo y luego, a partir de ahí, ha sido como: pues mira, lo he especializado”, explica.
Precisamente por haber escrito sin intentar ajustarse a unos cánones concretos, considera que ha podido encontrar una voz propia de manera natural.
“No has querido medir ni hacer algo según unos cánones, sino simplemente soltar y ser tú”, señala.
Esa espontaneidad es, en buena medida, uno de los rasgos que definen el proyecto.
Rosas de Hogar, el poema que mejor le representa
Si tuviera que escoger uno de los 28 poemas para que alguien que nunca le ha leído pudiera conocer quién es Sergio Hernández, el autor lo tiene claro: Rosas de Hogar. Considera que este poema reúne buena parte de los temas que atraviesan el libro: el dolor, la intensidad con la que vive determinadas experiencias, la introspección y, sobre todo, el proceso de conocerse y valorarse a uno mismo.
“Mirarte por dentro, mirarte a esa persona que eres y valorar todo lo que tienes alrededor y lo que te hacen”, explica.
Es, en definitiva, una idea que conecta con la esencia de Natural como la huerta: mirar hacia dentro a través de aquello que está fuera; utilizar la naturaleza, los recuerdos y las raíces como espejo de las propias emociones. Con su primer libro, Sergio Hernández Gutiérrez convierte así una colección de poemas nacidos de la intimidad en una obra que habla de la familia, la memoria, el miedo, el amor, la identidad y la tierra.
Y lo hace desde un territorio muy concreto: la Vega Baja y, especialmente, Almoradí. Una tierra que para él no es solo el lugar donde nació y creció, sino también una fuente de imágenes, recuerdos y emociones que ahora quedan recogidos en 28 poemas.
Natural como la huerta es una publicación independiente y ya está disponible para el público a través de Amazon.





