Por Mateo Marco Amorós
El sábado dieciocho de abril, invitado por las Bibliotecas Públicas de Villena, participando en uno de los actos organizados con motivo del Día del Libro, día que entre prolegómenos y resacas es –¡bendita sea!– más semana o novena que día, tuve el placer de coincidir con autores y autoras, paisanos y paisanas villenenses que escriben. Que escriben y que a mi modesto entender, sintiéndome más lector que escritor, creo que escriben bien. O muy bien.
Tras este encuentro con autores, más allá de sus concretas literaturas, quiero hablar de una virtud que intuyo vinculada a su creatividad. Más allá de sus literaturas o… O más acá. Porque si la virtud que digo es la de la tolerancia, sospecho que ésta está asociada al propio quehacer literario. Cada cual de su padre y de su madre, cada cual con sus prejuicios y querencias, con sus manías y potencias… la virtud de la tolerancia.
Sospecho que esta bondad está relacionada con la propia tarea de escribir porque escribir es labor en la que uno directa o indirectamente se desnuda, descubriéndose en sus contradicciones; tarea también en la que uno, inventando personajes, describiéndolos, se pone en la piel de los mismos, comprendiéndolos o intentándolos comprender, en ocasiones hasta tolerando sus independencias y libertades cuando se escapan al propio autor, dictándole aconteceres inesperados contra lo proyectado, imponiendo de improviso situaciones y decires; labor creativa que educa en tolerancias. Esto creo porque así lo sentí aquel día entre escritores amigos.
Nos preguntamos y me pregunto si hay demasiada gente cultivando literaturas. De hecho es manido el dicho de que poco se lee porque todo el mundo está ocupado escribiendo. A saber. Pero cuando veo honradez en el ejercicio de escribir y compromiso ante la responsabilidad que exige plasmar negro sobre blanco historias y sentires, no me importa el número de personas creadoras, sino el producto; fruto de espíritus educados en tolerancia, esa que nace en el camino hacedor dialogando con las mil y una leche que nos conforman como humanidad. Una humanidad plagada de bondades y maldades, luces y sombras, conquistas y desengaños. Como somos.





