Por Mateo Marco Amorós
Editado por La Garúa, presentado en abril, a propósito decidí reservar mi comentario sobre Abrazar el vuelo, poemario de Ada Soriano, para estos días en los que recordamos con más intensidad si cabe a quienes, fallecidos, ya no están entre nosotros. Como afirmó Mari Carmen Ruiz en la presentación, es un libro de duelo pero sin desesperanza. Duelo sin desesperanza, efectivamente, porque aun doliente no implica ausencia. Es más, el dolor es ternura. Un libro donde la dedicatoria ya es, por exquisita, pura poesía: A mi hermano y a mi padre, / ahora lluvia que me empapa / o cosquilleo de mariposa / en el dorso de la mano.
Poemario en cinco partes, la lectura me acerca a todo lo entrañable apreciado en el día de los Fieles Difuntos, posterior a Todos los Santos, cuando mi madre me levantaba temprano porque las camas habían de estar dispuestas para aquellos que nos faltaban, habitaciones en penumbra con luminarias, mariposas titilantes –una por cada muerto– flotando llamas en cartones de naipe sobre aceite. Mañanas de silencio, roto por el clamoreo fúnebre de las campanas y el aire lúcido cogiendo peso.
Los versos de Ada Soriano lloran la muerte sin la estridencia histérica y exagerada de las plañideras. Un llanto que acepta la pérdida sin renunciar a la invocación de la presencia de quienes se marcharon definitivamente. Muerte y lástima convertidas en afecto, certificando certidumbres irremediables. Porque morirse es un fluir como de río abajo hacia la nada / o quién sabe dónde. O donde cabe la posibilidad de renacer, en la otra orilla renacer. Un Abrazar el vuelo que conoce el dolor pero, al tiempo, algunos poemas procuran un sosiego que reconforta. Siendo delicadeza, remanso de penas, alimentando recuerdos vívidos.
Poemas donde una constante pugna entre la presencia sentida/patente y el hacia dónde, dubitativo destino de quienes nos dejaron. Es como un aferrarse a esa presencia sentida y presentida para que la falta no sea hueco, para que la falta no sea vacío. Y aquí los ruegos. Y la conjura fundamental contra el olvido: recuérdalos, / recuérdalos, insiste Ada Soriano poeta. Y por esto estos días recordándolos.




