De policía a escritor: José Joaquín Lucas presenta Y de repente, una novela sobre las grietas del alma y la fragilidad humana

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José Joaquín Lucas, autor de Y de repente

La novela es una radiografía sobre la fragilidad humana a través de la historia de Juan, un hombre que debe mirar de frente a su vida, ante los cambios la sacuden por completo

A partir de la idea filosófica de un mundo que valora la realidad de forma invertida, José Joaquín Lucas, autor de Y de repente, nos introduce en su obra más introspectiva. A través de su protagonista, Juan, el libro profundiza en la necesidad de reflexionar sobre el tiempo, la nostalgia tecnológica, y la inquebrantable búsqueda de la empatía en una sociedad que a menudo invisibiliza a los más vulnerables.

Para romper el hielo y conocer el origen de todo: ¿Qué fue lo que te animó a escribir esta historia y en qué momento sentiste que debías convertirla en una novela?

Siempre he pensado que estamos inmersos en aquellos famosos tiempos del revés que magistralmente definiera Galeano: se premia, se castiga y se valora del revés. Las personas buenas suelen quedar arrinconadas y los maleantes alcanzar las cotas de poder en todas las esferas. Esa idea es la base filosófica y ética de la novela: dar voz, nombre, incluso existencia a una buena persona que es invisible para el resto de la sociedad y es invisible porque no ha alcanzado los cánones.

El libro transita por las grietas del alma y la fragilidad humana. ¿Nació esta obra de una necesidad personal de reflexionar sobre el paso del tiempo o surgió a raíz de observar una realidad exterior?

Y de repente surge de la necesidad de reflexionar sobre un mundo que parece transitar a toda velocidad hacia la sexta extinción general y, en ese contexto, narrar la historia de un ser humano frágil que descubre que va a morir, un humano de mediana edad, que ha dejado siempre para más adelante todos sus sueños y de repente, se enfrenta al memento mori sin haber pensado jamás en desaparecer.

El inicio de la novela es fulminante: un dolor de cabeza y una lesión cerebral de 9 milímetros que activa una dura cuenta atrás. Físicamente es algo diminuto, pero existencialmente es un abismo. ¿Cómo construiste este proceso psicológico en el que tu protagonista, Juan, decide no esparcir su dolor y opta por preparar una despedida silenciosa?

Juan siempre ha sido silencioso, siempre ha tenido la sensación de SER silencio, invisible para los demás, hasta para su rebaño de gatos. Es una persona obesa e introvertida que se ha dejado arrastrar por la realidad a la espera de tiempos mejores, pero esos tiempos nunca llegaron. Ahora cuando descubre que va a morir, también se percata de una norma universal: se muere igual que se vive, igual que se vivió. Y en ese proceso de experimentación que lo arrastra a desaparecer, continúa siendo él. Al principio, sigue con sus rumiaciones constantes y sus miedos, pero a medida que pasan las páginas y con la compañía constante de la muerte, va descubriendo quien es realmente.

Portada de Y de repente

Juan es un personaje entrañable y muy particular: es un hombre transparente, rodeado de libros, siete gatos y un Commodore Amiga. Hay una presencia muy fuerte de los años 80 y 90 (el videoclub de Manolo, los diskettes, el juego Blood Money…). ¿Por qué elegiste refugiar a Juan en esa nostalgia tecnológica y cultural tan concreta? ¿Ha influido la nostalgia milenial que está ahora tan de moda?

En todos mis libros hay una presencia constante de la infancia y la pronta adolescencia. Creo que es el origen de la personalidad, de los traumas y también de los sueños y metas. Creo que nunca se es más feliz que en la infancia y que, hasta el tiempo, tiene allí su propia dimensión. Como Juan ronda los 50 años, decidí que uno de sus refugios debía ser esa época de recreativos, de videoclubs, de ordenadores de 16 bits, de juegos en la calle allá en la década de los 80. Es Efectivamente una etapa de nostalgia, el único lugar donde Juan cree que poder ser el mismo es allí: en el pasado, en el niño que fue y que, quizás todavía lo acompaña.

En la novela se lee una frase demoledora: Juan descubre —tarde, como todo lo importante— que “creer que uno merece estar vivo lo cambia todo”. ¿Por qué crees que a las personas que caminan por los márgenes de la historia, a los «invisibles», les cuesta tanto sentir que merecen su propio espacio en el mundo?

El mundo occidental esta construido sobre parámetros de productividad y superficie. Por desgracia, en la mayoría de los casos, es un mundo de cartón piedra basado en las apariencias, donde la profundidad y la reflexión penalizan. Juan vive en ese mundo, donde nadie mira a su interior, donde casi  nadie le ha dado la oportunidad de mostrar sus cualidades éticas o sus reflexiones filosóficas. En ese mundo Juan es transparente y lo peor es que él mismo cree que es invisible. Justo en ese momento es cuando lo alcanza el convencimiento evidente que va a morir. Hay muchísimas personas como Juan que podrían aportar grandes ideas, pero que sin casi percatarse se han convertido en víctimas.

Los personajes secundarios sostienen el mundo de Juan de una forma muy hermosa: Pedro y su constante «ah, vale», o Sofía, con su necesidad de hablarlo todo, pero que a la vez es la única con la que Juan no es invisible. ¿Es Y de repente un homenaje a la relaciones humanas sinceras y a esos vínculos cotidianos que nos salvan de la soledad?

En el mundo que le ha tocado experimentar a Juan, la soledad es una imposición. Juan no puede escapar de la soledad, va incrustada en las personas que creen no dar la talla. Pero en ese contexto de soledad, aparecen otras personas solas que establecen vínculos de amistad firmes y sinceros. La fragilidad y la honestidad consiguen que esa amistad de unos pocos sea incondicional y fuerte.

Hay un detalle precioso en el libro: cuando el tiempo de Juan está «herido de muerte», decide releer El Principito. ¿Qué tiene este clásico que le sirve de refugio cuando su luz empieza a apagarse?

Juan tiene varios refugios para poder afrontar una vida que lo ha etiquetado de víctima. Uno de ellos es la lectura. Nuestro personaje no ha tenido acceso a la realidad en todas sus facetas, no ha tenido la oportunidad de experimentar su vida en plenitud. Los libros le regalan esa oportunidad. Juan conoce el amor pasional en los libros y gran parte de sus amigos son de papel y tinta. En ese contexto, El Principito es una joya que le descubre la realidad como él querría que fuera: disfrutar de los amaneceres, no cuantificar a las estrellas sino admirarlas, estableces relaciones sinceras, no tener miedo…

Hablemos ahora de ti. Estudiaste Periodismo en Valencia y trabajaste durante casi dos décadas como policía, antes de volcarte en la literatura. A priori, parecen tres mundos muy distintos. ¿Cómo conviven esas tres facetas dentro de ti?

Mi paso por la policía fue un largo transito por los infiernos. Allí descubrí que hay demasiados monstruos disfrazados con uniforme y que gran parte de la sociedad se mueve lubricada por la corrupción y el egoísmo. Pero también descubrí que hay un pequeño grupo de personas dispuestas a arriesgarlo todo por defender sus principios morales e intentar cambiar el mundo del revés. Cuando uno es policía puede acabar embruteciéndose por el día a día o intentar apostar por la dirección contraria. La novela Y de repente surge de uno de esos intentos de demostrar que le empatía y la bondad, aunque no estén de moda, son la solución y no parte del problema.

¿Sientes que tu formación como periodista te dio el ojo clínico para observar el entorno, y tu paso por la policía la capacidad casi psicológica para leer «las grietas» de las personas?

Creo que ser policía te afina la mirada, te hace más rápido en la capacidad de observación. Las grietas del alma, las he experimentado a través de muchos caminos, algunos de ellos genéticos. Siempre he tenido esa facultad de leer al otro, de ponerme en el lugar del otro e, incluso, sentir lo que pienso que siente. La empatía es tan necesaria hoy día como respirar.

En tu trayectoria has transitado con naturalidad por diferentes géneros. ¿Con cuál de ellos te sientes más cómodo?

La poesía es el género rey. Para mi un poema de Lorca leído con la minuciosidad necesaria, es capaz de contarte más que una novela completa. Los versos tienen esa capacidad de extrañamiento, de condensación emocional, que te ofrecen más con menos palabras. Es el lugar donde las palabras de verdad hacen el amor entre ellas. Por esas razones, casi todo lo que he publicado ha sido poesía, pero ahora quería llegar a más publico y quería contar una historia a través de la novela.

En tu biografía te defines como un «cronista de los estados del alma». Después de media vida observando el comportamiento humano en situaciones límite, ¿qué es lo que más te sigue sorprendiendo o conmoviendo de las personas?

Cuando me definen como cronista de los estados del alma, creo que se refieren a que mis personajes literarios están vivos. Uno puede bucear en su interior, en sus emociones, en sus miedos y deseos. Intento crear personajes que podrían ser tu vecino, ese vecino con el que te cruzas en el ascensor que apenas conoces, al que no le das importancia, pero que por la noche lee a Neruda, después de haber trabajado 10 horas en un trabajo que lo maltrata.

El próximo 29 de octubre presentas Y de repente en la Casa de Cultura de Callosa de Segura. ¿Qué significa para ti poder hacer esta presentación aquí?

Presentar el libro en tu pueblo es siempre una experiencia maravillosa. Descubres la belleza del contacto real de esa novela que has escrito en soledad con los lectores de carne y hueso, que además son tus amigos. De repente, el libro escapa y se vuelve libre. Cada persona lo disfruta de una manera, lo interpreta de una manera, se abre al mundo y allí adquiere conciencia propia. Para mi eso es impagable.

Toda la recaudación de la novela irá destinada a la ONG Amigos Solidarios. Escribir un libro ya requiere un gran esfuerzo, pero vincularlo por completo a una causa benéfica eleva el proyecto. ¿Cómo nace tu relación con esta organización y por qué decidiste que Juan y su historia sirvieran para ayudar a otros?

Siempre destino los beneficios de mis obras a una ONG. Creo que es una necesidad moral que mis libros ayuden a otras personas. Nunca he escrito para satisfacer un ego ni para conseguir ese éxito superficial que, en ultima instancia, es una trampa. Para mi es esencial que todo lo que se recaude pueda ayudar a otros seres humanos, forma parte de mi cosmogonía.

¿Tienes más presentaciones próximamente? 

La novela se presentará en bastantes lugares, pero todavía no tengo las fechas concretas. Cualquiera que este leyendo este reportaje nos tendrá cerca en algún momento de este año o principios del próximo.

Para terminar, José Joaquín: tu obra transita con mucha naturalidad entre la poesía y la narrativa de ficción. Ahora que Y de repente ya camina sola, ¿tienes en mente tu próximo proyecto literario, o hay alguna historia rondándote la cabeza que nos puedas adelantar?

Tengo varias novelas acabadas, pero no soy escritor que publique todo lo que escribe. Para mi es una forma vital. Soy escritura como diría Octavio Paz. Publico algo cada par de años, pero escribo todos los días y a casi todas horas. Ya veremos.

Con una trayectoria vital tan rica como la suya, José Joaquín Lucas demuestra que la literatura y la acción social pueden ir de la mano para rescatar las facultades humanas en su plenitud. Su obra no solo funciona como un espejo de la resiliencia y la nostalgia de los años 80 y 90, sino también como un canal de ayuda real a través de Amigos Solidarios. En un mundo que muchas veces «valora del revés», historias con carne, hueso y alma como la de Juan nos recuerdan la importancia de la empatía y de no dejar las cuentas pendientes con la vida para el final.