Orihuela y la cultura como vocación: el legado de Juan José Sánchez Balaguer

Publicidad

Por Santiago Arroyo Serrano

Nacido en Orihuela, Juan José Sánchez Balaguer representa el perfil de quien ha hecho de la cultura no solo una vocación, sino una forma de compromiso con su tierra. Amante profundo del hecho cultural, su trayectoria ha estado marcada por una intensa dedicación a la gestión, difusión y proyección del patrimonio, especialmente en torno a la figura de Miguel Hernández. Su labor al frente de iniciativas clave y su papel en la Fundación Cultural Miguel Hernández han trascendido el ámbito local, obteniendo reconocimiento tanto a nivel nacional como internacional. Su reciente incorporación a la Real Academia de Cultura Valenciana supone, además, un nuevo hito en una trayectoria que combina pasión, trabajo y visión de futuro.

Tomando como punto de partida la noticia sobre la incorporación de Juan José Sánchez Balaguer a la Real Academia de Cultura Valenciana y su trayectoria pública ligada a la difusión de Miguel Hernández, la Fundación Cultural Miguel Hernández, la Cátedra Iberoamericana de Industrias Culturales y Creativas y varios proyectos culturales de Orihuela, la entrevista conviene plantearla en tres planos: reconocimiento, balance de una trayectoria y visión de futuro. El acto formal de ingreso está anunciado para el 23 de junio.

En la información sobre su incorporación a la RACV se le presenta como “embajador de Orihuela y difusor universal de Miguel Hernández”. ¿Se reconoce en esa definición o cree que deja fuera una parte importante de su trayectoria?

Creo que esa definición es fruto del afecto de quien la ha escrito pero, en cualquier caso, posiblemente se desconozca la circunstancia de que en 1992 tuve el honor de ser designado Primer Síndico Portador de la Gloriosa Enseña del Oriol, figura que trae causa de cuando Orihuela era capital de Gobernación y ocupaba el tercer lugar dentro del brazo real de las antiguas Cortes; el Síndico actuaba a un tiempo como embajador, informador y espía. Permanecía en Valencia y su misión consistía en ofrecer una favorable imagen de Orihuela en el exterior, vigilar la inversión de los fondos aprobados en Cortes, defender en todo momento las prerrogativas forales de la ciudad y mantenerla informada de cuanto sucedía en la capital del reino y al tanto de las noticias llegadas de la Corte.

En cuanto a difundir la obra de Miguel Hernández por todo el mundo, algo de lo que me siento particularmente orgulloso, es cierto que durante mi etapa como director de la Fundación llevamos la obra del poeta hasta Asia, pasando por más de veinte países europeos, africanos y del continente americano.

¿Qué significa para usted entrar en la Real Academia de Cultura Valenciana en este momento de su vida?

Un alto honor, una enorme satisfacción que viene a reconocer mi contribución a la cultura en sus diferentes facetas desde hace mucho tiempo; reconocimiento que llega por parte de una institución del prestigio de la RACV. Además de la satisfacción personal, de alguna forma viene a compensar también a mi familia de las ausencias que tantas veces ha tenido que sufrir por mi intensa dedicación a estos menesteres.

¿Qué lectura hace de este reconocimiento: personal, institucional o también colectivo para Orihuela?

Entiendo que este tipo de nombramientos es realmente de carácter personal, aunque me gustaría creer que conmigo se reconoce también el legado histórico de la ciudad donde he nacido y desarrollado plenamente mi actividad. De hecho, en la comunicación del nombramiento, el Decano de la RACV, D. José Manuel Ruiz de Villafranca, expresaba su satisfacción por mi incorporación a la Institución y manifestaba su confianza en que ello “enriquecería el panorama cultural valenciano, reforzando los lazos que nos unen a una ciudad de la importancia actual e histórica de Orihuela”. Así espero poder hacerlo.

¿Qué cree que puede aportar usted a la Academia y qué le puede aportar la Academia a una ciudad como Orihuela?

Creo que a estas alturas de mi vida estoy en condiciones de aportar algunas cosas a esta Institución más que centenaria. En principio, trataré de poner en valor una serie de importantes personajes históricos oriolanos que permanecen prácticamente desconocidos. También me gustaría contribuir a hacer más visible el papel que la IA puede jugar en la cultura.

Por otra parte, la Academia puede ser un instrumento imprescindible para volver a situar Orihuela en el lugar que le corresponde dentro de la Comunidad Valenciana. Recordemos que, tras su incorporación a la Corona de Aragón, Orihuela se convirtió en la Capital de la Gobernación “Ultra Xixonam” (más allá del Júcar), siendo la segunda ciudad más importante del Reino de Valencia. Durante la Guerra de Sucesión, con Felipe V, se consolidó nuevamente como capital del Reino, ya que la ciudad de Valencia apoyó al bando austracista. Esta jerarquía política y administrativa se acompañó de un auge económico y cultural, cimentando un patrimonio rico y diverso. Estoy seguro de que la Academia contribuirá a recuperar la relevancia que Orihuela tuvo en su día.

¿Le gustaría que este nombramiento se entendiera más como premio a lo hecho o como responsabilidad hacia lo que queda por hacer?

Decía Nicholas Murray que “Hay tres grupos de personas: los que hacen que las cosas pasen; los que miran las cosas que pasan y los que se preguntan qué pasó”. A mí siempre me gustó pertenecer al primer grupo. Por tanto, ahora espero seguir haciéndolo dentro de la cuota de responsabilidad que me corresponda en cada momento en la Academia. Mis compañeros pueden estar seguros de que asumo la responsabilidad conscientemente y pondré todo mi empeño en estrechar los lazos culturales entre el cap i casal y las tierras del sur de la Comunidad Valenciana. Porque no podemos olvidar lo que fue Orihuela en una época y hay que tratar de conseguir que vuelva por sus fueros, nunca mejor dicho. Como dejó escrito Santiago Grisolía, Orihuela tiene que seguir siendo el referente del sur para el resto de los valencianos.

Miguel Hernández y proyección cultural

Si tuviera que presentar hoy a Miguel Hernández a un joven que apenas lo ha leído, ¿por dónde empezaría?

Le diría que nació en un entorno natural y cultural privilegiados y que fue a la escuela hasta los catorce años. El resto de hermanos y amigos de su barrio no tuvieron tanta suerte. Carlos Fenoll, su amigo de la tertulia de la tahona, aprendió a leer gracias a los rótulos comerciales de las tiendas. Miguel supo aprovechar el tiempo y las oportunidades. Leyó a los clásicos del Siglo de Oro, donde está lo mejor de nuestra literatura, pero también le gustaba practicar los trovos, la repentización a partir de un tema, las zarzuelas y el fútbol, aunque era muy lento y le llamaban el «barbacha» (una clase de caracol), por lo lento que corría. Miguel Hernández se movía entre lo culto y lo popular, con la fértil naturaleza de la sierra de Orihuela como duradero telón de fondo. Lo tuvo difícil: trabajos humildes, una guerra, la cárcel; pero se levantó una y otra vez, y supo ser coherente con lo que pensaba y con lo que hacía. Las jóvenes generaciones deben ver al poeta oriolano y universal como un ejemplo de resiliencia y de defensa de la educación y de la cultura, principios irrenunciables de una sociedad que aspire a la justicia social y económica.

¿Qué aspecto del poeta cree que sigue estando peor comprendido: el literario, el humano o el político?

El literario ya ha sido señalado por la crítica y hay unanimidad en ello. En cuanto al humano, falta todavía perspectiva histórica y sobra, en mi opinión, la visión de «salsa rosa» sobre sus relaciones sentimentales o literarias. La política ha sido usada por unos y otros para ofrecernos un Miguel que, seguramente, no se correspondería con la realidad. Hace falta también distancia para que las trincheras ideológicas extremistas de un lado y de otro no nos impidan contemplar la auténtica altura del poeta y del hombre. No somos quiénes para juzgarle aunque tampoco para olvidar lo obvio: militó en el Partido Comunista y fue encarcelado por sus ideas políticas. Pero hoy –busquemos el denominador común del personaje- todo el mundo resalta su altura lírica y su coherencia como ciudadano ejemplar. Y es un orgullo para Orihuela contar con Miguel Hernández como el universal poeta que surgió de una casa humilde pegada  a la sierra.

¿Cómo se evita convertir a Miguel Hernández en una figura conmemorativa y se mantiene viva su fuerza contemporánea?

Principalmente, siendo coherente con el relato de una vida que en apenas doce años de dedicación a la escritura (murió con 31 años), y con todo en contra para desarrollar su pasión de poeta, llegó a lo más alto. Creo que hay que destacar la vigencia, tanto de su mensaje poético como de los valores de justicia, educación, cultura, tolerancia y antibelicismo, además de  la fuerza de su poesía, la conciencia que tuvo de crear un espacio creativo  en el que todo el mundo se reconociera, y destacar la esperanza que siempre tuvo en sus labios. Siendo, en resumen, fiel a su mensaje, que manaba de la misma naturaleza que nos rodea y de un mundo que no estaba bien hecho, ni entonces ni ahora.

¿Qué ha aprendido de la recepción internacional de Miguel Hernández fuera de España?

Que en  todo el mundo asombra la fuerza de su vida y de su obra: una infancia y primera juventud con dificultades económicas (pero nunca pobre), un afán desmedido por la lectura, y una pasión por un mundo mejor y más justo. En su obra supo aunar tradición y vanguardia, y esto siempre llama la atención fuera de España.

¿Qué países o espacios culturales le han sorprendido más en esa recepción?

Cuba, Rusia y Filipinas, principalmente. En Cuba –más allá de las dificultades endémicas del país- los niños se saben de memoria poemas de Miguel Hernández y es lectura obligatoria en todos los niveles educativos, desde infantil hasta la universidad. En La Habana nos recibieron, las tres veces que hemos estado (2008, 2009 y 2010), con sorpresa y agradecimiento. En Filipinas, pese a un contexto cultural diferente al occidental, también recibieron en 2004 nuestro proyecto de traducción de 29 poemas de Hernández al inglés y a siete lenguas filipinas (tagalo, ilocano, cebuano, bicolano, pampango, chabacano e ilongo). Y en Rusia, Miguel Hernández forma parte ya de su cultura gracias a los exiliados republicanos y a sus hijos. Allí, con motivo del centenario de Miguel, entregamos sendos bustos del poeta a la Universidad Lingüística de Moscú y a la de San Petesburgo. Y el colegio 110 de la capital rusa pasó a denominarse oficialmente Miguel Hernández.

¿Qué falta todavía para que Orihuela sea una referencia internacional estable en torno al legado hernandiano?

El legado más importante que tenemos en Orihuela es su Casa Museo. Pero también en el plano documental destaca Orihuela: la Biblioteca Pública ‘Fernando de Loazes’ custodia más de 8.000 referencias bibliográficas sobre el poeta y numerosos legados archivísticos, muchos de ellos cedidos por  la Fundación: María de Gracia Ifach, familia de Ramón Sijé, Juan Guerrero Zamora, Ildefonso Cases Andreu, y el próximo de Gaspar Peral Baeza, uno de los archivos privados más importantes. Pero es fundamental, en mi opinión, que Orihuela, mejor dicho, todos sus representantes políticos, se crean de verdad lo que significa una figura como Miguel Hernández. Y que no escamoteen su verdad humana, política y literaria, sin complejos pero sin ocultaciones,  y que valoren y reconozcan también el gran trabajo que emprendieron en circunstancias muy difíciles los hernandianos oriolanos de primera hora en la difusión del poeta: Joaquín Ezcurra Alonso, Francisco Martín Marín, Francisco Giménez Mateo, Manuel Molina Rodríguez, Antonio García-Molina Martínez, Ramón Pérez Álvarez, José Guillén García, Manuel Martínez Galiano, y la gran labor que realizó el entonces alcalde Pedro Cartagena Bueno, con la creación del Premio de Poesía Miguel Hernández y el inicio en 1974 del proyecto para convertir en Museo la casa donde vivió el poeta, adquisición culminada en 1981 siendo alcalde García Ortuño y convertida en Casa Museo durante el mandato de Vicente Escudero. Hoy constituye el espacio museístico más visitado del municipio de Orihuela.

¿Hay algún proyecto pendiente relacionado con Miguel Hernández que considere casi una deuda?

Creo que hay varios, entre ellos alguno de mayor envergadura vinculado a la digitalización y la IA. Pero el hecho de apoyar la creación literaria y artística actual que se realiza en Orihuela y resto de la comarca de la Vega Baja es ya un proyecto importante; todo ello alrededor de la figura de Miguel Hernández, no como una losa sino como un apoyo. Hay voces poéticas y artísticas que merecen su sitio y el apoyo de nuestra Fundación. Es igualmente necesario trazar la historia de la Fundación, desde su constitución en 1994 hasta el presente, sin ánimo de mirarnos al ombligo ni por mera nostalgia (que no sirve para nada), sino para que sigamos proyectándonos hacia el futuro con el orgullo de haber trabajado ilusionadamente -con errores, claro que sí, porque el único que no se equivoca es quien no hace nada- y con una conciencia muy clara de servicio a Orihuela. Y toca, por supuesto, seguir contando con el tejido asociativo y cultural de nuestra ciudad y de otras, con una mirada desde Orihuela hacia el mundo, sin perder nunca nuestras raíces, como el propio poeta hacía.

Orihuela, patrimonio y estrategia cultural

¿Cuál diría que es hoy el principal reto cultural de Orihuela?

Dotarse de un verdadero Plan Maestro de Industrias Culturales y Creativas que defina de una vez por todas lo que se quiere hacer del municipio en el aspecto cultural, más allá de los programas y actuaciones puntuales, inconexas y hasta contradictorias a veces.

Usted ha estado vinculado a iniciativas como Culturópolis. ¿Qué necesita un proyecto de ese tipo para dejar de ser una idea potente y convertirse en una realidad sostenida?

En primer lugar que los responsables políticos se lo crean. El proyecto Culturópolis. Orihuela Distrito Cultural se planteó desde la dimensión económica de la cultura. Abordando continente y contenido, trataba de implantar un ecosistema para la recuperación del casco histórico. La iniciativa ganó la Copa España de Ciudades Creativas, frente a los proyectos que llegaron a la final, presentados por Ayuntamientos tan importantes como Zaragoza, Ourense, Madrid, Benalmádena y Viladecans. Enterado el que fuera vicepresidente de la Generalitat y conseller de Vivienda, Rubén Martínez Dalmau, se comprometió a apoyarlo con subvenciones concretas. Pero, por  causas que ignoro, el expediente quedó perdido en algún cajón de las dependencias municipales y nunca más se supo.

¿Qué error cometen con más frecuencia las administraciones cuando hablan de patrimonio y cultura?

El primero y principal es que, por regla general, no escuchan ni a los ciudadanos realmente interesados ni a los especialistas. La mayoría de los políticos, salvo honrosas excepciones, suelen carecer de los conocimientos adecuados y buscan asesores con criterios de mera afinidad política. Hace falta una motivación de la sociedad civil y crear plataformas estructuradas para impulsar un diálogo sobre políticas culturales a desarrollar, se necesita una gobernanza cultural más colaborativa, mejorar la forma en que los distintos componentes del ecosistema cultural se relacionen entre sí. Y estas políticas culturales deben contemplar ineludiblemente que estamos en la era de la IA y las plataformas digitales. Sin una fuerte participación de la sociedad civil no se puede alcanzar el objetivo de apoyar sistemas sostenibles de gobernanza de la cultura.

¿Cómo se transforma un casco histórico en un espacio con vida cultural real y no solo en un decorado?

Cada uno puede tener su modelo. El que yo propuse, la creación de un Distrito Creativo en el casco histórico, estaba contrastado con otras experiencias exitosas en diferentes lugares. Los Distritos Culturales, Creativos o de las Artes son territorios que respiran e inspiran al arte, a la cultura y al emprendimiento para transformar social, cultural y económicamente una ciudad. Se definen como áreas bien reconocidas de una ciudad en la que una alta concentración de instalaciones y programas culturales sirven como polo de atracción. Funcionan como motores de transformación económica y social, impulsando la colaboración, la innovación y la revitalización de barrios, integrando gastronomía, arte, diseño y emprendimiento. Fortalecen la economía mediante industrias culturales (cine, música, teatro, artesanías). Potencian la identidad local, regeneran espacios deteriorados o en desuso, convirtiéndolos en centros vibrantes de actividad. En definitiva, son una herramienta que apoya el desarrollo económico, fortalecen las economías locales, crean un mayor sentido de pertenencia y profundizan la capacidad cultural local y consecuentemente sirven de atractivo turístico.

¿Puede la cultura ser un motor económico serio sin perder densidad intelectual y arraigo?

No sólo puede, sino que debe. La Economía de la Cultura se ha convertido en una rama económica que analiza la producción, distribución y consumo de bienes culturales. La economía cultural actúa como un motor de desarrollo, generando empleo, riqueza y cohesión social, interrelacionando la identidad cultural con los sectores económicos modernos. Busca también profesionalizar el sector para establecer un equilibrio entre la rentabilidad económica y la preservación de los valores culturales. Engloba las industrias creativas que transforman ideas en bienes y servicios, impulsando la propiedad intelectual y el empleo, especialmente joven. La cultura aporta valor intangible (cohesión, identidad) y tangible (ingresos, turismo).

En la noticia se menciona la futura Ruta Iberoamericana de la Poesía. ¿Qué alcance le gustaría que tuviera y qué valor diferencial podría aportar?

Se trata de una iniciativa promovida desde la Fundación Cultural Miguel Hernández, a la que de momento se han adherido catorce Casa Museos de los principales poetas de diez países. En estos momentos, el objetivo es el diseño de la Ruta a través de las Casas y lugares que recuerdan la vida y obra de los principales poetas del espacio iberoamericano, para animar a la lectura de sus poemarios y al mismo tiempo contribuir al desarrollo socio-económico local.

Pretendemos que la lectura se convierta en una experiencia vivencial al recorrer escenarios de un poemario o lugares inspiradores para un autor, fomentar el hábito de la lectura, desarrollar la comprensión cultural e histórica y promover un aprendizaje interdisciplinario. Además, dentro del espacio cultural  iberoamericano, serviría para difundir el patrimonio material, inmaterial, artístico y natural relacionado con los poetas, y en definitiva la interculturalidad.

En el mundo actual, la poesía es un medio vital para la reflexión, la expresión emocional y el compromiso social. Por ello se trataría de desplegar también un proyecto educativo en torno a las culturas iberoamericanas que contribuya al desarrollo integral de la persona y que tenga como eje los valores asociados al humanismo, el pensamiento crítico y la reflexión sobre los propios actos.

¿Qué papel deberían jugar las universidades, las fundaciones y las asociaciones locales en esa estrategia cultural?

Resulta fundamental el papel de todas ellas. Sería extraordinario que se consiguiera coordinar el trabajo del mundo académico con el mecenazgo y el tejido asociativo cultural. En general, funcionan cada uno por su cuenta y los esfuerzos se diluyen fácilmente. Habría que superar estas disfunciones y conseguir que se establecieran unas estrategias culturales potentes.

Periodismo, memoria y vida pública

¿Cómo ha cambiado la manera de contar Orihuela desde el periodismo y la comunicación pública?

El periodismo actual no es el mismo que hacíamos los de mi generación. No se trata solamente de la revolución experimentada en cuanto a los medios técnicos sino, sobre todo, en la evolución experimentada por el propio concepto de periodismo. El buen periodismo siempre tuvo algo de arte. Actualmente está a la orden del día la confusión entre información y espectáculo, entre información y opinión, algo que era sagrado distinguir en los viejos manuales. Los medios de comunicación se han ido mercantilizando, la verdadera profesionalidad no se paga y la información se ha convertido en mercancía. La libertad de información está sometida a normas comerciales, muchas veces en perjuicio del rigor y la profesionalidad. Luego tenemos a quienes escriben de todo sin tener conocimiento del tema. Recuerdo a un viejo profesor mío que, de vez en cuando, preguntaba en clase “¿Sabéis que es el arquitrabe?”. Y se respondía él mismo con socarronería: “Pues… hablar de lo que no se sabe”. Muchos de los redactores de los medios de comunicación actuales tendrían que tener esto en cuenta antes de ponerse a escribir algo.

¿Qué responsabilidad tiene hoy el periodismo local en la defensa del patrimonio, la memoria y la identidad cultural?

Tiene mucha. Otra cosa es que sea capaz de cumplirla. Las plantillas de los medios locales son muy escasas y el espacio o el tiempo se cubre en buena parte con las notas facilitadas por los gabinetes de comunicación institucionales. Prácticamente, no se hace periodismo de investigación ni se profundiza en los temas de importancia local porque muchas veces chocan también con los intereses creados. Sería bueno que, al menos, los medios acogieran con más frecuencia y relieve las colaboraciones de especialistas en estos temas.

Por cierto, Bernard Haring tiene dedicado un libro a la Ética de la manipulación. Los jóvenes participan de esta civilización de la noticia, aun en la hipótesis de que no lean. El periodismo radiofónico y televisivo, y cada vez más las redes sociales, les acompaña por todas partes e informa las conversaciones de la calle, creando también ellos unos estereotipos y convirtiéndolos en víctimas frecuentes de la manipulaciones políticas, ideológicas, económicas, etc.

¿Se divulga poco la cultura o se divulga mal?

Creo que las dos cosas, posiblemente por los motivos anteriormente apuntados. Para divulgar bien la cultura hace falta en primer lugar determinar los espacios y contar con medios adecuados y después contar con profesionales competentes. Servan-Schreiber ya decía en 1973 que la especialización ha creado hoy subgrupos que no poseen el mismo lenguaje entre ellos y que para responder a las necesidades de información de cada uno necesitan publicaciones talladas a sus estrictas medidas. Y el maestro Juan Beneyto señalaba, diez años antes, que “la prensa es un fenómeno cultural del que no se puede prescindir si se quiere tener una idea global y completa de la sociedad contemporánea”.

La creación de la opinión pública tiende a simplificarse y  crear estereotipos. Esto hace que los mismos comunicadores tengan ya unos prejuicios, unos moldes o patrones en donde se encasillan los hechos. Esta teoría de Lippman defiende que cuanto más amplio y heterogéneo es el público, más simplista debe ser la presentación. Es lo que Ramón J. Moles define como vivir sumergidos en la masa de los mensajes sociales que pasan del microcosmos de los especialistas al macrocosmos comunitario como una cultura mosaico, en donde conviven en el mismo plano los tipos de mensajes más diversos en los que resulta prácticamente imposible establecer una teoría de valores y jerarquizarlos. Se trata de una cultura de acumulación, de auténtico supermercado.

¿Le preocupa que muchas instituciones culturales hablen solo para quienes ya están convencidos?

Por supuesto. Hablar para convencidos es una técnica de comunicación enfocada a reforzar la lealtad, movilizar y elevar el entusiasmo de una audiencia que ya comparte tus ideas. A diferencia de la persuasión, busca la cohesión interna, utiliza un lenguaje emocional y reafirma la identidad de grupo, aunque conlleva el riesgo de la autorreferencialidad o el aislamiento táctico.

Las instituciones culturales deberían poner mayor énfasis en estimular la reivindicación del compromiso como principio de individualización y dar cauce a las inquietudes de la juventud por causas que la motiven a trabajar. Hace falta potenciar lo positivo y mantener la utopía como forma de conversión personal.

¿Qué relación debería existir entre rigor académico y lenguaje accesible?

El rigor académico y el lenguaje comprensible no son excluyentes, sino componentes esenciales de una comunicación efectiva. Hay que buscar el equilibrio entre la precisión científica y la claridad, permitiendo que el conocimiento especializado sea accesible sin perder credibilidad. El lenguaje técnico es necesario para la precisión, pero no debe convertirse en un obstáculo que dificulte el acceso al conocimiento. El uso de lenguaje claro facilita la democratización del conocimiento, garantizando que el saber llegue a un público más amplio, no solo a expertos.

La corriente del «Lenguaje Claro» (Plain Language) tiene que ver con poner primero al lector a través de una redacción clara, concisa y bien organizada: una sintaxis correcta y un léxico comprensible, sin renunciar a la exactitud. Se centra en el destinatario, asegurando que el mensaje se entienda de manera directa y sencilla la primera vez que alguien lo lee.

Perfil personal y cierre

De todos los proyectos en los que ha participado, ¿cuál siente más íntimamente suyo?

A nivel cultural, sin duda el de la Fundación Cultural Miguel Hernández. Fueron unos años muy intensos que permitieron poner en marcha un proyecto que solo existía sobre el papel y sometido a disputas de todo tipo que lo estaban lastrando. Hoy la institución está plenamente consolidada, reconocida a nivel internacional, y al frente de ella figura Aitor L. Larrabide, el mejor especialista hernandiano actual, que llegó a Orihuela tras el rastro del poeta con quien tanto quería, encontró aquí su vida y, por méritos propios, me sucedió en la dirección de una labor apasionante. Siento una enorme satisfacción al ver que una obra en la que tanto empeño puse se encuentra en las mejores manos.

¿Qué reconocimiento le emociona más: el institucional o el que llega de la gente de su tierra?

Pienso que el reconocimiento institucional puede servir también como estímulo a quienes trabajan calladamente en los distintos ámbitos de la sociedad y, la mayoría de veces, el reconocimiento de las instituciones coincide con el popular. A lo largo de mi vida, cada vez que he recibido una distinción me ha producido primero sorpresa y después satisfacción y orgullo, pensando sobre todo en mi familia. Pero, indudablemente, cuando se produce un reconocimiento y recibes la felicitación sincera de muchas personas, algunas que ni siquiera conocías personalmente, sientes una profunda emoción y te anima a seguir en la tarea emprendida.

¿Qué legado le gustaría dejar en las próximas generaciones de oriolanos?

Ver convertido el casco histórico de Orihuela en el Campus Creativo del Mediterráneo. Es preciso que la Administración Local –con la colaboración de otras instituciones y organismos- asuma esta iniciativa como un Plan Estratégico de Ciudad, formulado desde la dimensión económica de la cultura, capaz de actuar como motor de transformación y de crecimiento social y económico, donde convivan creatividad, talento (economía digital), innovación e interacción, ocio y educación, vivienda y centros de trabajo. Que impulsen la apuesta para que los sectores culturales y creativos dinamicen la ciudad y mejoren la calidad de vida de las personas. La creatividad entendida como aportación de nuevas ideas y conceptos, capaces de aportar soluciones innovadoras. Todo ello dirigido a fomentar el emprendimiento y la recuperación del centro histórico mediante su conversión en un ecosistema vivo y dinámico basado en las industrias culturales y creativas.

¿Cuál es hoy su próxima batalla cultural?

Poner en marcha la Ruta Iberoamericana de la Poesía e impulsar la Red Iberoamericana de Economía Creativa y Cultural. Confío en conseguir la máxima implicación por parte de los sectores que ya han mostrado su interés.

¿Qué le diría a un joven que piensa que la cultura no sirve para transformar una ciudad?

Que piense en positivo y que luche por conseguir que los gobernantes dediquen una mayor atención a las políticas culturales. Porque vale la pena ya que la cultura, si se adoptan unas políticas adecuadas, pueden ser generadoras de empleo y progreso real. Sí, la cultura es un elemento fundamental y estratégico para transformar las ciudades, actuando como motor de desarrollo sostenible, cohesión social e innovación. La cultura no solo embellece o entretiene, sino que rediseña el tejido social y económico, humanizando los espacios urbanos y definiendo la identidad de la comunidad. La cultura fomenta la identidad local, fortalece los lazos entre las personas y crea un sentido de pertenencia. Las políticas culturales pueden hacer que las ciudades sean más inclusivas, seguras y tolerantes. También sirve como estrategia para revitalizar barrios o zonas degradadas, convirtiendo espacios infrautilizados en centros culturales. Al mismo tiempo, la cultura es un agente económico significativo que genera empleo y atrae inversión.

Si tuviera que resumir Orihuela en tres palabras, ¿cuáles elegiría?

Si me permite, añadiré una más: Huerta y Mar, Historia y Patrimonio.