Perplejidades y certezas

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A cara descubierta /Mateo Marco Amorós

Fotografía: Joaquín Marín

Fue a finales de abril de 2012 cuando supimos por primera vez del «Perplejidades y certezas» de José Luis Zerón Huguet. Hoy libro bien editado por Ars Poética en la colección Carpe Diem. Entonces, en una lectura ligera creímos ver al Cernuda de «Ocnos» y al Lichtenberg de los aforismos. Después, leído con serenidad, matizábamos el poso cernudiano pero afirmábamos el tono proverbial. Pero si dejó de parecernos a «Ocnos», Zerón tampoco reconocía a Lichtenberg.

Cuando queremos definir algo erramos abusando de la comparación. Nos obsesionamos buscando parejos. Curiosamente, ahora que me pilla la relectura de «Perplejidades y certezas» releyendo a autores clásicos de la Geografía, especialmente a Eliseo Reclus, nos tienta ver, también en Zerón, la observación minuciosa del geógrafo anarquista. Por ese «observar con ojos hechizados» o ese procurar «decir el mundo» –»con una paciencia instintiva»– como apunta el poeta. Un minucioso observar con una mirada exquisitamente educada. Hermoso resulta, al final del libro, el agradecimiento del poeta a su padre. Por haberle enseñado a mirar.

Es lo que más he apreciado ahora en «Perplejidades y certezas», una fusión plena del poeta con la naturaleza, buscando palabras para decir las perplejidades y convertirlas, si fuera posible, en evidencias. Tarea difícil, acaso quimérica, para la que Zerón, poeta experimentado, nos consuela con sus sinceras reflexiones en esa parte titulada «Apuntes para una poética», apartado de lectura obligatoria para quienes pretendemos hacer literaturas.

Y como seguro que contra esa manía de buscar concordancias tampoco sea lo de Reclus, mejor será atender las oportunas correspondencias apuntadas por María Engracia Sigüenza en ese texto que leyó en la presentación, publicado en «Frutos del tiempo» y que vino a aprobar Zerón. El excelente texto de María Engracia es un documento lleno de erudición, con oportunas citas y escrito con mucha sensibilidad. Además, leído por Engracia, fue lujo en la presentación del libro. En la librería Códex. Ese espacio que Vicente Pina nos conserva para que no se nos olvide lo mucho que debemos a la imprenta. Donde un vídeo poema de Auralaria redundó aquella tarde de enero en el gozo de la poesía.

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