Toda esa información convierte el correo electrónico en una puerta de entrada especialmente atractiva para los ciberdelincuentes
En 1971, en pleno desarrollo de ARPANET, la precursora de la internet moderna, el programador estadounidense Ray Tomlinson, que trabajaba para Bolt Beranek and Newman (BBN), envió el primer correo electrónico de la historia. Más de medio siglo después, el correo electrónico forma parte del día a día de millones de personas en todo el mundo. Y, sin embargo, los usuarios no siempre son conscientes de todo lo que guardan en la bandeja de entrada de su cuenta: extractos bancarios, facturas, documentos personales, mensajes del trabajo o enlaces para restablecer la contraseña de diferentes cuentas. Toda esa información convierte el correo electrónico en una puerta de entrada especialmente atractiva para los ciberdelincuentes.
Los correos de phishing que se hacen pasar por bancos, empresas o servicios conocidos, así como los archivos maliciosos como documentos y archivos comprimidos que parecen inofensivos, están a la orden del día. El problema es que un simple despiste puede salir caro: contraseñas, datos bancarios e información personal pueden terminar en manos de quien no debe. La buena noticia es que no hace falta ser un experto en informática para proteger el correo electrónico. Con unas pocas precauciones y algo de sentido común, es posible reducir los riesgos y ponérselo mucho más difícil a los ciberdelincuentes.
3 consejos para proteger tu cuenta de correo electrónico
En este artículo, te damos tres consejos que te ayudarán a mantener tu cuenta mucho más segura.
1. Utiliza una contraseña segura y única
A la hora de elegir una contraseña para el correo electrónico, es habitual tirar por lo fácil: una fecha de nacimiento, el nombre de una mascota o el típico “123456”. Son contraseñas sencillas de recordar, sí, pero también mucho más fáciles de adivinar para los ciberdelincuentes. Para evitarlo, conviene apostar por una contraseña de al menos 12 caracteres que combine mayúsculas, minúsculas, números y símbolos. También hay que tener en cuenta otro detalle que a menudo se pasa por alto: utilizar una clave distinta para cada cuenta. Así, si una queda expuesta, las demás seguirán protegidas.
2. Activa la autenticación de dos factores (2FA)
Aunque una contraseña sea robusta, siempre existe el riesgo de que un ciberdelincuente consiga hacerse con ella. Para ponérselo más difícil, lo mejor es activar la autenticación de dos factores (2FA). El funcionamiento es sencillo: al entrar en el correo electrónico, aparte de escribir la contraseña, se confirma la identidad con un segundo método, por ejemplo un código que llega al móvil o que genera una aplicación de autenticación. De este modo, si alguien descubre la contraseña, no podrá acceder a la cuenta tan fácilmente, ya que necesitará superar también esa segunda comprobación.
3. Desconfía de los correos sospechosos
Un aviso del banco, una multa de tráfico que supuestamente está pendiente o un aviso para actualizar los datos de una cuenta. Cualquiera de estos mensajes puede ser una trampa. Es lo que se conoce como phishing, una técnica con la que los ciberdelincuentes suplantan a empresas conocidas y organismos públicos para hacerse con información personal o bancaria. Detectar estos fraudes no siempre es fácil. Las faltas de ortografía, que antes podían levantar sospechas, ya no son una pista fiable: muchos mensajes están perfectamente redactados y parecen reales. Conviene desconfiar, sobre todo, de los que meten prisa, amenazan con bloquear una cuenta o incluyen archivos adjuntos inesperados. Si además solicitan contraseñas o datos bancarios, la alerta debe ser inmediata. Ante cualquier duda, lo más recomendable es acceder a la web oficial sin pulsar hacer clic en ningún enlace del correo.





