La historiadora del arte y conservadora Elisa Martínez Zerón recupera la estabilidad material de la pieza y localiza la inscripción original con la identidad del mecenas
El patrimonio histórico de Orihuela cuenta con una nueva victoria gracias a una minuciosa labor de recuperación científica. Tras once meses de intenso trabajo técnico y logístico, la imponente obra anónima del siglo XVI «Santa Catalina y San Antón con donante» ha recuperado su estabilidad material y su esplendor original. El lienzo, un óleo de grandes dimensiones (3 metros de alto por 2,30 metros de ancho), perteneciente al Santuario de Nuestra Señora de Monserrate, se encontraba en una situación límite que amenazaba con su pérdida irreversible.
La dirección de este complejo proyecto ha estado a cargo de Elisa Martínez Zerón, historiadora del arte y conservadora-restauradora de bienes culturales, quien lideró un diagnóstico exhaustivo antes de proceder a cualquier intervención directa sobre la pieza.
Un siglo de daños y «remedios» letales
El origen del deterioro se localizaba en el propio edificio. Las goteras continuas y las grietas estructurales de la capilla contigua a la sacristía filtraron agua de lluvia directamente sobre el cuadro durante años. Como consecuencia, el soporte textil de lino perdió toda su elasticidad, transformándose en una superficie quebradiza y llena de desgarros que, vista a contraluz, tal y como definió la propia Martínez, «parecía un auténtico colador».
La humedad disolvió la capa de preparación de la pintura, generando grandes franjas blancas verticales y provocando el levantamiento de la película pictórica en forma de pequeñas cazoletas. A esto se sumaba un bastidor deformado por hongos y carcoma, acumulaciones de hollín y cera devocional, y las secuelas de una nefasta intervención anterior. En dicho intento previo, las pérdidas de tela se habían ocultado de forma alarmante con parches de camiseta negra, un material textil inadecuado cuyas tensiones agravaron las roturas del lino original.
Secretos revelados en el taller
El estudio técnico pormenorizado dirigido por Elisa Martínez Zerón desveló valiosa información sobre la factura de la obra. Al no existir telares tan anchos en el siglo XVI, el lienzo se confeccionó uniendo firmezas de cinco piezas cosidas. Asimismo, el análisis detectó al menos dos manos distintas en la ejecución de la pintura y varios «arrepentimientos» del autor en zonas como la rodilla del donante o el pie de la santa, un reflejo fiel del sistema gremial de maestros y aprendices de la época.
El mayor hallazgo histórico se produjo durante la fase de limpieza. Tras retirar las densas capas de barniz envejecido y repintes negros ajenos a la obra, apareció nítidamente una inscripción en la manga del personaje arrodillado: “nicolbus. orumbellrs”. Este descubrimiento crucial ha permitido poner nombre y apellido al mecenas que encargó la obra hace más de cuatro siglos.
Innovación técnica sin interrumpir el culto
La restauración supuso un enorme desafío logístico al desarrollarse directamente en la Capilla del Hallazgo. Para poder manipular el lienzo extendido sin interferir en los servicios religiosos cotidianos, el equipo diseñó un sistema desmontable de carriles con plataforma rodante, inspirado en la tecnología empleada en los techos del Palacio Ducal de Gandía.
A nivel estructural, se descartó un remiendo parcial y se optó por un sistema de entelado completo y reversible para devolver la tensión idónea al lino sin ponerlo en riesgo. Finalmente, la reintegración del color en las numerosas lagunas pictóricas se ejecutó mediante la técnica del tratteggio. Este método de texturización mediante finos trazos verticales ofrece un criterio discernible de cerca pero armónico a la distancia, garantizando la correcta lectura estética de la obra sin incurrir jamás en un falso histórico. Gracias a esta rigurosa intervención, la obra no solo ha recobrado la viveza de su paleta cromática, sino también la estabilidad material necesaria para ser admirada por las generaciones venideras.





