El histórico maestro del colegio Jesús-María San Isidro de Orihuela, Antonio Carlos, cierra una etapa
El pasado jueves, el colegio Jesús-María San Isidro de Orihuela vivió una jornada cargada de emoción. Con una mezcla de alegría, gratitud y nostalgia, alumnos y compañeros despidieron a Antonio Carlos, un maestro que ha dedicado 43 años de su vida a la educación y que deja tras de sí una trayectoria ejemplar marcada por la vocación, la cercanía y el amor por la enseñanza.
Durante más de cuatro décadas, Antonio Carlos ha sido mucho más que un docente. Ha formado personas, despertado inquietudes, transmitido valores y acompañado a miles de niños y niñas en una de las etapas más importantes de sus vidas. Ahora, con la llegada de la jubilación, pone fin a una etapa profesional que recuerda con enorme satisfacción.
“Se siente con muchísima alegría y con mucha ilusión porque es el final de una etapa, pero también con muchísima nostalgia”, explica. “Dejar atrás 43 años es difícil, especialmente cuando lo que dejas es el lugar en el que has sido feliz durante todo ese tiempo”.
Una despedida inesperada y llena de emoción
El homenaje organizado por el centro sorprendió por completo al maestro. Antonio Carlos desconocía los preparativos y pensaba que había sido citado por la dirección para tratar cuestiones rutinarias.
“De pronto me dijeron que saliera de la sala y, al abrir la puerta, todo estaba preparado. Había un silencio absoluto y yo no me había enterado de nada. Fue algo muy bonito y muy emotivo para mí”, recuerda.
Los últimos días en el colegio han estado marcados por los recuerdos y las emociones. Aunque intentó vivir el final del curso con la misma naturalidad que cualquier otro año, reconoce que cada acto y cada encuentro tenían un significado especial.
“Te das cuenta de que es la última vez que participas en un festival de fin de curso o que haces una sesión de evaluación. Son momentos que compartes con compañeros a los que has aprendido a querer muchísimo y sientes que poco a poco se va cerrando una etapa muy importante de tu vida”.
Una vocación nacida en la infancia
Cuando se le pregunta qué le llevó a convertirse en maestro, Antonio Carlos no duda en señalar a una figura clave de su vida: Francisco Omar, un profesor que dejó una profunda huella en muchos de sus alumnos.
“Siempre le he echado la culpa de esto a un maestro que tuve. Nos transmitió un amor por la profesión que me hizo querer dedicarme a la enseñanza. La he disfrutado con muchísima pasión hasta el final”, afirma.
Precisamente, uno de sus mayores logros personales ha sido llegar a la jubilación manteniendo intacta esa ilusión.
“Quería jubilarme sin estar cansado de la profesión y creo que lo he conseguido. He trabajado en un colegio maravilloso, con compañeros extraordinarios y en el centro donde también se educaron mis hijos. Siempre he pensado que Jesús-María San Isidro es un lugar excepcional para formar a cualquier niño”.
El orgullo de ver crecer a sus alumnos
Tras más de cuatro décadas de docencia, Antonio Carlos ha visto pasar por sus aulas a varias generaciones. Algunos de aquellos alumnos son hoy profesionales de diferentes ámbitos; otros, incluso, se han convertido en compañeros de profesión.
“Es un orgullo enorme encontrártelos en cualquier sitio: en una librería, en un supermercado, en la universidad o incluso trabajando contigo. He llegado a tener una directora que fue alumna mía el año en que empecé a dar clase”, comenta emocionado.
Los mensajes de cariño recibidos tras anunciar su jubilación han sido uno de los momentos más especiales de estas semanas.
“Ver comentarios de antiguos alumnos que tuvieron conmigo hace muchos años y que han dedicado un minuto de su tiempo para escribirme unas palabras bonitas me ha emocionado muchísimo. Te hace pensar en toda la gente buena que ha pasado por tus manos”.
Una educación en constante transformación
A lo largo de estos años, Antonio Carlos ha sido testigo de profundos cambios en la educación y en la sociedad. Sin embargo, considera que hay aspectos que permanecen inalterables.
“Los niños siguen teniendo curiosidad por aprender, siguen necesitando amigos, afecto y referencias que les indiquen qué está bien y qué está mal. Eso no ha cambiado”.
Lo que sí ha cambiado, explica, es el contexto social y tecnológico que rodea a la infancia.
“Hoy los alumnos reciben muchísimos más estímulos y tienen acceso a una cantidad enorme de información. La sociedad ha cambiado muy rápido y la escuela muchas veces tiene dificultades para adaptarse al mismo ritmo”.
En este escenario, considera que siguen siendo fundamentales valores como la honestidad, la honradez, el esfuerzo y la responsabilidad, además de una estrecha colaboración entre familias y centros educativos.
La riqueza de una escuela diversa
Otra de las lecciones que la enseñanza le ha dejado es el valor de la convivencia y la acogida. Antonio Carlos destaca especialmente la riqueza que aporta la diversidad cultural presente hoy en las aulas.
“Nuestro colegio tiene alumnos de muchas nacionalidades y procedencias. Conocer a esas familias, entender sus historias y compartir experiencias hace que tu mirada sobre el mundo sea completamente diferente”.
Para él, la buena convivencia ha sido siempre una de las señas de identidad del colegio Jesús-María San Isidro.
“Siempre he dicho que nuestro centro representa muy bien a la sociedad y que la convivencia es uno de sus grandes valores”.
Un mensaje de gratitud y esperanza
Al despedirse de la profesión, Antonio Carlos tiene claras las palabras que quiere dedicar tanto a sus alumnos como a los futuros docentes.
“Para mis alumnos la palabra es gratitud. He sido feliz trabajando con ellos y siento que he dado lo mejor de mí mismo”.
A los jóvenes maestros les transmite un mensaje de ánimo y compromiso.
“La enseñanza es una profesión vocacional. No es simplemente un trabajo. Te implicas con los alumnos, con las familias y con la sociedad. Hay que adaptarse a los tiempos, pero nunca perder la pasión”.
También reivindica una mayor valoración social de la educación y de quienes la hacen posible.
“La sociedad no puede prescindir de los maestros. Hace falta más reconocimiento y más inversión en educación. Todos decimos que es importante, pero luego no siempre recibe el apoyo que merece”.
Tras 43 años de dedicación, Antonio Carlos se despide de las aulas con la satisfacción del deber cumplido y el cariño de generaciones de alumnos que guardarán para siempre sus enseñanzas. Su etapa como maestro termina, pero la huella que deja en el colegio Jesús-María San Isidro de Orihuela y en la vida de quienes aprendieron a su lado permanecerá imborrable. Porque hay profesiones que trascienden el trabajo y se convierten en legado. Y la de Antonio Carlos es, sin duda, una de ellas.
Compártelo:
También puede interesar
El Ayuntamiento de Orihuela renovará las piscinas de San Bartolomé, La Murada, Orihuela Costa y Palacio del Agua
El Cabildo Catedralicio de Orihuela recupera un manuscrito desaparecido de la biblioteca del Seminario Diocesano de Orihuela
El nuevo servicio de autobuses multiplica las frecuencias y amplía destinos para los vecinos de Orihuela
La UMH y el Ayuntamiento de Orihuela organizan la jornada Fomento del Buen Trato en Adultos Mayores

