Diario de la Vega entrevista al responsable de este canal de YouTube, tras el éxito que ha tenido la reciente publicación de un videoclip dedicado al poema ‘Vientos del pueblo’ de Miguel Hernández
La educación lleva décadas buscando fórmulas capaces de despertar el interés de los estudiantes y convertir el aprendizaje en una experiencia más cercana, memorable y significativa. En ese terreno, donde convergen la innovación pedagógica y las nuevas tecnologías, se mueve desde hace años Javier Berceruelo, maestro especialista en Educación Primaria y administrador de sistemas informáticos, una combinación poco habitual que le ha permitido explorar nuevas formas de enseñar a través de herramientas digitales.
Con más de quince años de experiencia en ambos ámbitos, Berceruelo es también el creador de Edujuegos.es, una plataforma de recursos educativos abiertos que reúne videojuegos y materiales didácticos diseñados para trabajar contenidos curriculares mediante la gamificación y el aprendizaje basado en juegos. Su trayectoria ha estado marcada por una pregunta constante: cómo conseguir que los alumnos aprendan mejor, recuerden más y disfruten del proceso.
De esa inquietud nació «Cántame la lección», un proyecto que recupera una de las estrategias de memorización más antiguas —aprender cantando— y la adapta a los lenguajes y formatos que consumen las nuevas generaciones. Su última propuesta ha puesto el foco en «Vientos del Pueblo», uno de los poemas más emblemáticos de Miguel Hernández, transformado en una canción de estilo indie-rock acompañada por un videoclip generado con Inteligencia Artificial que ya acumula miles de visualizaciones y una notable repercusión en redes sociales.
En estos tiempos en los que la obra del poeta oriolano está más vigente que nunca en las aulas, en Diario de la Vega conversamos con Javier Berceruelo sobre educación, tecnología, inteligencia artificial y nuevas formas de acercar la literatura a los estudiantes de nuestro tiempo.
¿Cómo surgió la idea de crear ‘Cántame la lección’?
Desde hacía años venía desarrollando recursos educativos interactivos y videojuegos a través de Edujuegos.es. La música fue simplemente una nueva herramienta para intentar resolver esa pregunta. Me di cuenta, durante mi preparación de oposiciones, que me costaba memorizar algunos contenidos y empecé a experimentar con herramientas de generación musical para convertirlos en canciones. Descubrí que recordaba mucho mejor aquello que podía cantar que aquello que simplemente leía una y otra vez.
Por otra parte, impartiendo formación a compañeros docentes sobre Inteligencia Artificial, necesitaba mostrar ejemplos prácticos de cómo estas herramientas podían utilizarse con fines educativos. Una de aquellas pruebas terminó convirtiéndose en «La canción del pirata». Con el tiempo empecé a llevar estas experiencias al aula. Los alumnos proponían temas, yo preparaba materiales y poco a poco comprobé que la música ayudaba a fijar conceptos de una manera sorprendentemente eficaz. Ahí nació realmente el proyecto.
Si alguien revisa mis primeros trabajos en el canal personal (@berceruelo), también puede ver la evolución de esta idea. Allí publiqué hace más de dos años una canción sobre la Guerra de la Independencia y la invasión napoleónica. Cuando la comparo con los trabajos actuales veo cuánto han evolucionado tanto la música como la parte visual, pero también me recuerda que este proyecto se ha construido mediante prueba, error y aprendizaje continuo.
Además, no existe una fórmula mágica. Uno de los primeros vídeos del canal fue una adaptación de Bécquer en estilo Sad Trap porque pensé que podía servir de puente entre la poesía clásica y algunos gustos musicales actuales. La experiencia me enseñó algo importante: cada obra necesita encontrar su propia voz. A veces la verdadera dificultad no es entender el texto, sino descubrir qué lenguaje musical permite transmitir mejor su esencia.
La música siempre se ha considerado una herramienta para facilitar el aprendizaje. ¿Te inspiraste en esta premisa?
Sí. En realidad, llevamos siglos aprendiendo de esa forma. Muchos de los conocimientos que conservamos de nuestra infancia los recordamos porque estaban asociados a canciones, poesías o retahílas. La música facilita la memorización y crea un vínculo emocional con aquello que estamos aprendiendo.
Lo que intento hacer con «Cántame la lección» es aplicar ese mismo principio a contenidos que normalmente se perciben como más difíciles o más lejanos: la poesía clásica, la historia o determinados aspectos de la literatura.
La base de tus producciones son videoclips y no recitaciones. ¿Esto ayuda al estudiante?
Creo que sí. Vivimos rodeados de imágenes y de lenguaje audiovisual. Para muchos jóvenes, un videoclip es una puerta de entrada mucho más natural que una explicación tradicional.
Mi intención nunca es sustituir la lectura del texto original, sino acompañarla. Si un alumno escucha una canción inspirada en un poema y eso le anima después a leerlo, el objetivo ya está cumplido. Además, un videoclip permite trabajar muchas cosas al mismo tiempo. En el caso de «Vientos del pueblo» aparecen referencias a la historia de España, a Goya, a las guerras napoleónicas, a los símbolos del poema y a distintos recursos literarios. Todo eso puede convertirse después en material de aula.
Miguel Hernández es considerado uno de los grandes poetas del siglo XX. ¿Por qué te decantaste por ‘Vientos del pueblo’?
Después del éxito de la canción sobre Castilla y León me quedé pensando en obras que hablasen de comunidad, de resistencia y de dignidad colectiva. Y enseguida me vino a la cabeza «Vientos del pueblo». Es uno de los grandes poemas de nuestra literatura y, además, muchos lo estudiamos durante nuestra etapa escolar. Sin embargo, algunas de sus metáforas pueden resultar complejas para un nuevo lector.
La idea del videoclip fue intentar traducir visualmente parte de ese universo simbólico. Por eso aparecen el viento, el barro, la lluvia, la jaula o los distintos pueblos de España que Miguel Hernández menciona en sus versos. Decidí ambientarlo durante la invasión napoleónica de 1808 porque quería alejar la historia de cualquier debate contemporáneo y centrarme en algo más universal: la resistencia humana frente a la adversidad y la fuerza colectiva que transmite el poema.
¿Tienes pensado explorar otras obras del poeta oriolano?
Me encantaría. Ahora mismo tengo varios proyectos abiertos, pero hay una idea que me atrae especialmente: trabajar con «El rayo que no cesa» y conectarlo visualmente con «Vientos del pueblo».
Durante la realización del videoclip apareció una imagen muy importante para mí: la del rayo encerrado en una jaula. Me gusta pensar que ese mismo rayo podría tener su origen poético en la obra anterior de Hernández. Sería una forma interesante de establecer un puente entre distintas etapas de su producción literaria.
En tu canal también hay vídeos dedicados a la historia. ¿Podría verse pronto alguno sobre la Vega Baja?
Nunca digo que no a ninguna posibilidad, aunque el tiempo es el principal problema. Soy maestro a jornada completa y el proyecto lo realizo en mi tiempo libre. Por eso intento que todos los materiales estén disponibles gratuitamente para docentes, estudiantes o cualquier persona interesada.
Tengo varios proyectos relacionados con las lenguas y culturas de la Península. De hecho, ya he realizado canciones en gallego y euskera, y me interesa mucho mostrar que la diversidad lingüística de nuestro territorio no es algo reciente, sino una realidad que nos acompaña desde hace siglos. Preparando uno de esos proyectos me encontré con referencias al alfabeto greco-ibérico y a algunos hallazgos relacionados con la Vega Baja. Me llamó la atención porque muestran hasta qué punto la Península ha sido históricamente un espacio de encuentro entre pueblos, lenguas y culturas diferentes.
No sé si podré abarcar todas las regiones y localidades que me gustaría porque el tiempo siempre es limitado, pero desde luego la Vega Baja posee elementos históricos con potencial más que suficiente para inspirar una futura producción.
En vuestro canal adviertes sobre el uso de Inteligencia Artificial. ¿Es una herramienta fundamental?
Sí, porque me permite hacer cosas que de otro modo no podría realizar. Soy maestro, no compositor profesional ni ilustrador . Sin estas herramientas habría sido imposible producir obras de este tipo. Ahora bien, hay una creencia bastante extendida: mucha gente piensa que basta con escribir una frase y el vídeo aparece solo. La realidad es muy distinta.
Existe la idea de que estas herramientas eliminan el esfuerzo, pero mi experiencia es muy distinta. La tecnología no viene a eliminar el trabajo, sino a cambiarlo de sitio. Antes habría necesitado saber dibujar, componer música o editar profesionalmente. Ahora puedo centrar ese esfuerzo en investigar, interpretar los textos, construir las metáforas y tomar decisiones sobre cómo contar una historia.
La herramienta no te da todo hecho. En «Vientos del pueblo» llegué a generar cientos de ilustraciones hasta encontrar las que encajaban con la historia que quería contar. Hay mucho ensayo y error, muchas pruebas descartadas y muchas decisiones detrás de cada escena. La herramienta facilita enormemente la ejecución, pero las ideas, las metáforas, la narrativa y la intención educativa dependen totalmente de la persona que está detrás.
¿Puede ser la Inteligencia Artificial una pieza importante para la educación?
Creo que ya lo está siendo. Los alumnos la utilizan, las universidades están aprendiendo a convivir con ella y los docentes estamos intentando comprender cuál es su lugar dentro del proceso educativo. La cuestión ya no es si debemos ignorarla o prohibirla, sino cómo enseñar a utilizarla con criterio.
Personalmente me interesa cuando sirve para crear, interpretar o explicar contenidos. Por ejemplo, transformar un poema en una canción obliga a comprenderlo profundamente. No basta con copiar información. Hay que analizarla, reinterpretarla y convertirla en algo nuevo. Ese tipo de tareas me parecen mucho más interesantes que limitarse a preguntar a una máquina y copiar la respuesta.
Esta conversación con Javier Berceruelo deja una reflexión tan sencilla como necesaria: el reto no es acercar a los jóvenes a la cultura, sino encontrar nuevas formas de que la cultura llegue hasta ellos. A través de «Cántame la lección», este docente demuestra que la literatura, la poesía o la historia pueden dialogar con los lenguajes del presente sin perder su esencia. Y si una canción logra despertar la curiosidad de un estudiante por leer a Miguel Hernández, descubrir a Bécquer o interesarse por el patrimonio cultural que le rodea, el objetivo estará más que cumplido. Porque, al fin y al cabo, aprender sigue siendo un acto de curiosidad, y proyectos como este nos recuerdan que nunca es tarde para seguir alimentándola.





