No habéis entendido nada

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Antonio Zapata
Concejal del PSOE en el Ayto. de Orihuela

“No habéis entendido nada”. Así, tal cual, nos soltó esa frase el día siguiente de la presentación de la moción de censura frustrada en Orihuela un concejal no adscrito, ex miembro del Grupo Municipal CLr/ CLARO y exmiembro de la coalición electoral CLr/ CLARO. Y así fue y ha sido, no hemos entendido nada, pero ni ellos, ni nosotros, ni, sobre todo, los electores de ese partido y coalición electoral. La cuestión no es esa, ya que una decisión así para quien suscribe en efecto es difícil de entender. Aquí de lo que se trata es de si él mismo, quien pronunció tal sentencia, entendió las consecuencias de su decisión. Que no lo parece.

Reflexión aparte merece lo del Partido Popular de Orihuela y por extensión el de Valencia. Tanto los tutores de la moción: Alberto Fabra (presidente del Partido Popular de la Comunidad Valenciana y de la Generalitat Valenciana) y Serafín Castellano (su brazo derecho en el partido), como los catorce firmantes de la moción de censura han protagonizado desde el verano una auténtica novela azul que ha terminado por traspasar esa serpenteante línea roja que trazó el propio presidente para terminar consintiendo un gobierno municipal con cinco imputados y un condenado. ¿Es que ustedes lo entienden?

Como decía aquel otro concejal que acudía en solitario camino del ágape de celebración de la moción de censura, «nadie ha entendido nada». CLr/ CLARO era una coalición muy singular que compuesta por personas del casco urbano y la costa enfadadas con el PP de Orihuela que obtuvo nada más y nada menos que cuatro concejales, una representación importante si tenemos en cuenta la extensa manta azul que en el 2011 extendió el PP. Pero con lo que no contaron los votantes de aquella coalición fue con el desdichado futuro que les esperaba por ser fruto entonces y ahora víctimas de la falta de esencia política.

En política es fundamental que un partido tenga una ideología para conseguir un fin (colectivo), pero cuando el partido político nace para un supuesto fin sin el aval de un sustrato y contenido ideológico, se produce ese quebranto político y el desamparo final de sus electores. Si además, cual es el caso, ese fin tampoco es colectivo sino que pertenece a unos pocos, la realidad es todavía más grave. Porque ese fin del que ya todo el mundo parece haberse dado cuenta nos es más ni menos que la adjudicación del mayor contrato que una administración local puede licitar, el de la recogida de la basura, por mucho que hayan pretendido enmascarar esa moción con argumentos falaces que producen sonrojo.

Por eso, ese mismo concejal que pensaba que no entendíamos nada distinguió en un pleno entre políticos incapaces e inútiles y se le olvidó la mayor y más valorada diferencia, la que distingue entre aquellos políticos que están imputados por corrupción, y en algún caso condenado por otros menesteres, y quienes jamás seremos imputados por tramar robarles el dinero a los ciudadanos, que es, a la postre, lo que hacen los corruptos. A ese concejal no le interesaba marcar esa diferencia para poder justificar lo injustificable: que iba a estampar su firma en una moción de censura junto a la de otros cinco imputados y un condenado.

Un partido político de ámbito local o tiene su origen en unas profundas raíces sociales con un fin perseguido por una mayoría de ciudadanos (podría poner varios ejemplos, pero me quedo con el de Parcent) o es una rama quebrada y caída que está llamada a que se la lleve el viento. Lejos de no entender nada, lo que sucede es que lo entendimos todo. Siempre. Era cuestión de tiempo que lo entendieran los ciudadanos. Y ahora ya lo saben.

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