Por Miguel A Robles
El miércoles España tiene ante sí otro dos de mayo. No se trata de ponerse solemnes, simplemente de colocar el visor en modo panorámico y no microscópico. No es el momento de discutir si algún grupito perfectamente permitido o alentado por el gobierno, pues favorece sus intereses de enfangar el terreno, ha realizado acciones xenófobas o racistas; ni tampoco el de debatir sobre cuántos actos de violencia son aplicables a los miles de invasores que todavía permanecen en Ceuta ocupando ilegalmente la ciudad; ni si muchos de ellos son pobres gentes manipuladas tanto por Marruecos como por la complicidad del gobierno español; tampoco, lamentablemente, es el momento de entrar en cuestiones humanitarias, que son básicas en un estado de derecho. Es el momento de entender que Ceuta ha dejado de ser una ciudad más de España, si alguna ve lo fue, y se ha convertido en una ciudad invadida cuya única salida es transformarse en una plaza militar fronteriza para contener a la satrapía marroquí que no renuncia a su ilegítimo deseo de ocupación. Ceuta y Melilla no son ni lo fueron nunca marroquíes, son España, pero no debemos olvidar ni ocultar su singularidad ni el momento crítico que atraviesan.
La mejor España se lanzó a la calle para pedir la libertad de Miguel Ángel Blanco, por unas horas se le perdió el miedo a ETA y la vergüenza a ser español, lástima que los partidos políticos, con sus cálculos electorales, destruyesen pronto ese clima de unidad. Pero nuestro país es más grande que sus partidos y que sus líderes, así lo volvió a demostrar en Valencia con la DANA, especialmente los jóvenes, tan denostados siempre por su hedonismo y ligereza ¡Qué lección nos dieron!
El miércoles 2 de septiembre, a las 20 horas Orihuela debe mostrar, sin dudas, que no vamos a permitir que España sea invadida, que creemos en nuestro país y sus gentes, que amamos nuestra forma de vida, que respetamos nuestras tradiciones, que no renunciamos a la libertad y que, si una parte de nuestro territorio es atacada, todos a una, salimos en su defensa. Sin matices, España se defiende con orden, respeto por las leyes y civismo, pero con la firmeza que da saber que estamos en un momento crítico de nuestra historia en donde el pueblo, con su masiva presencia en las calles, mostrará su voluntad de ser españoles sin dejar a ningún compatriota abandonado. Si dejamos a Ceuta sola, no podremos reclamar nunca la ayuda de ningún español, será una renuncia a nuestra ciudadanía, una indignidad que acabará con el respeto que nosotros y nuestra nación se merece.
Orihuela llena las calles para aclamar al síndico porque representa nuestra identidad oriolana y valenciana, llenemos la plaza del Carmen para proclamar nuestra españolidad sin fisuras. Sin insultos ni bravuconadas, con riguroso civismo y seriedad, en estos momentos críticos que algunos intentan enfangar. Los ceutíes no son xenófobos ni racistas, son las víctimas directas de una invasión, luchan por volver a una vida normal y por la seguridad de sus hijos. Ayudémosles.
Espero sentirme orgulloso de la respuesta de mi pueblo.
¡Viva Ceuta y viva España!





