Silencio ante el dolor

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La comarca celebra las procesiones del Jueves Santo marcadas por la oscuridad y la devoción

Luces apagadas, saetas, y el solitario sonido de los tambores protagonizan la noche del Jueves Santo. Los municipios de la Vega Baja acogió las procesiones del Silencio en la que se conmemora la víspera de la Pasión de Cristo.

En Redován, el Cristo de la Buena Muerte, imagen auténtica de la muerte de Jesús, fue portado a hombros por costaleros vestidos con atuendo negro y cordón blanco.

En Rolajes los devotos pudieron contemplar las tallas del Santísimo Cristo de La Buena Muerte y la Santísima Virgen de Los Dolores. El Jueves Santo rojaleño culminó con la procesión de Subida al Calvario del Santísimo Cristo y los ladrones. Una tradición que la localidad recuperó en el año 2000, cuando la cofradía del Cristo de la Buena Muerte decidió subir las tres imágenes de la Santa Crucifixión al monte Calvario. San Miguel de Salinas rompió la silenciosa noche con el colorido de la Centuria Romana.

En Orihuela la noche se alargó hasta bien entrada la madrugada con la procesión del Cristo de la Buena Muerte que salió puntual a las dos desde el Colegio de Santo Domingo. Cientos de personas quisieron ver la imagen del cristo portado a hombros.

Cox apagó en la noche de ayer el alumbrado de sus calles para llevar a cabo uno de sus actos más solemnes, la Procesión del Silencio, protagonizada por la cofradía del Santísimo Cristo del Silencio con su imagen del Crucificado, adquirida por la parroquia cojense tras la Guerra Civil Española, allá por el año 1939, y restaurada por Ramón Cuenca en el año 2000. Tres años después, en 2003, le talló la cruz que luce actualmente.

Son cuatro ejemplos de lo rico y variado del Jueves Santo en la Vega Baja.

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