Por Mateo Marco Amorós
En el otoño del 2000 me trasladé con mi familia a Orihuela. Me dolía alejarme de Villena. De donde me expulsó la pena. Entonces, me afligía todo lo personal perdido, irrecuperable, como lo mucho querido que dejaba. Acomodándome a mi nuevo destino, agotado por la intensa vida social que había llevado, por la que estaba y estoy agradecido, necesitaba dejarla atrás. Pero como cabra que tira al monte, pronto, de otoño a otoño, empecé a frecuentar espacios culturales que me atraían. Y pronto conocí a José Luis Zerón Huguet. Si no me falla la memoria, fue en una presentación de la revista EMPIREUMA –entonces aún viva– en la que fue fugaz librería La Oropéndola, sita en los bajos del palacio Vía Manuel, un espacio hermoso para los libros que quiso con ilusión Alberto Pineda – Alberto Torres Bernabé.
Allí conocí a José Luis Zerón y desde entonces bendigo los días que lo conozco y mucho más los días en que podemos platicar largo y tendido. A falta de esos momentos, pocos para los que uno desea, es de agradecer la prolífica labor literaria de Zerón. Labor que nos permite disfrutar de sus sabidurías y sensibilidades. Porque conozco a Zerón sé que se espolsará mis elogios pero… Pero digo verdad dictada por mi aprecio a su ser poeta, crítico, gestor cultural outsider –Aitor Larrabide dixit– y… Y a su bondad.
Por tanto es de agradecer que parte de esa fecunda labor literaria dispersa se compilara en el libro El umbral y las resonancias, antología de textos, algunos inéditos, en la que Zerón nos ofrece su selecta visión como espectador y protagonista de la cultura principalmente literaria y artística. Cultura que para Zerón es vida, una vida incomprensible sin el gozo e inquisición de esa ilustración que nos humaniza. Si no para hacernos mejores, sí para ayudarnos a comprendernos mejor en… En el oleaje de la luz y la sombra. Verso prestado generosamente por Zerón para estas columnas que hoy cerramos.
Volviendo del verano, camino del otoño que será otro otoño más en Orihuela, retomaremos la voz. Agradecido y… Y si Dios quiere.





