La Embajada Mora Abdelazí convierte Orihuela en un escenario de historia, paz y sentimiento

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Francisco Sánchez Mateos protagonizó una puesta en escena sin precedentes, con más de 1.000 músicos, una marcha mora dedicada a su esposa, una nueva bandera y un boato que pivotó sobre la historia, la paz y el sentimiento

La comparsa Moros Abdelazíes escribió anoche una de las páginas más memorables de las Fiestas de la Reconquista de Orihuela, con la celebración de su Embajada Mora. Un espectáculo que llevó por título «Historia, Paz y Sentimiento» y que cautivó al más que numeroso público que llenó las calles todo su recorrido.

La puesta en escena, liderada por Francisco Sánchez Mateos, adquirió además un significado muy especial al coincidir con el 50 aniversario de la fundación de la comparsa. Una efeméride que estuvo presente de principio a fin en un boato concebido como un homenaje al pasado, al presente y al futuro de los Abdelazíes.

Abrió el desfile el tercio de estandartes de la Asociación de Fiestas y la Armengola 2026. Pilar Hernández deslumbró al respetable con un excelso traje de color dorado, que fue el centro de todas las miradas. La Armengola no pudo dejar de sonreír y de animar al público, que respondía con vítores y aplausos.

Historia como eje inicial

Desde los primeros compases quedó patente el cuidado por cada detalle. Los colores blanco y negro, señas de identidad de la comparsa, dominaron la escenografía junto al dorado y el verde, presentes en los trajes de gala y media gala, aportando una imagen elegante y reconocible durante todo el desfile.

El recorrido comenzó con el bloque «Historia», presidido por una gran plataforma con el escudo de la comparsa y el nombre del primer capítulo del boato. La música de la Colla de Dolçaines i Tabals «La Bassa la Vila» de Biar, interpretando la marcha «Al’Hafalat», abrió una sucesión de escenas que repasaron los momentos más importantes de la trayectoria de los Abdelazíes.

Uno de los primeros homenajes estuvo dedicado a los cuatro embajadores que habían precedido a Fran Sánchez: José María Ballesteros (1984), Emilio Peralta (1994), Baldomero Giménez (2004) y José Miguel Hernández (2014), cuyos nombres aparecieron bordados sobre las manteletas de cuatro caballos que desfilaron al inicio del cortejo.

La historia de la fiesta también quedó reflejada con la presencia de las diez comparsas moras, representando al completo el bando moro de la Reconquista, antes de dar paso a una de las imágenes más emotivas de la noche: la fila mixta de veteranos y antiguos comparsistas Abdelazíes, creada como homenaje a las cinco décadas de historia de la comparsa.

Otro de los momentos más simbólicos fue la primera salida a las calles de Orihuela de la nueva bandera de la comparsa, presentada recientemente durante la cena de gala y donada por los antiguos embajadores Baldomero Giménez y José Miguel Hernández. Junto a ella desfiló también la bandera histórica, representando la continuidad festera.

El primer bloque culminó con una cuidada escenificación del Pacto de Teodomiro, recreando el histórico acuerdo entre Teodomiro y Abd-el-Aziz mediante una representación teatral acompañada por actores, caballos, músicos y una gran carroza que recreaba el palacio del gobernante musulmán, simbolizando el respeto entre culturas y el origen histórico de la convivencia.

Paz como prosperidad y progreso

El segundo acto, dedicado a la Paz, transformó el desfile en un mensaje de convivencia y esperanza. Una lluvia constante de confeti acompañó la apertura del bloque mientras el Ballet de la Paz, de la Escuela de Danza Ana Belén de Orihuela, emocionó al público con una coreografía llena de sensibilidad.

Los niños adquirieron un protagonismo muy especial durante esta parte del boato. Una gran carroza coronada por una paloma blanca reunió a treinta niños y niñas lanzando confeti al público, un deseo expreso del embajador y de su Favorita, Victoria Vallejo, de hacerles partícipes de un momento tan significativo.

La paz también se representó mediante un innovador montaje con un holograma de palomas, acompañado por aves naturales, antes de dar paso al amplio desfile de las nueve filas femeninas de la comparsa, distribuidas en tres bloques y acompañadas por distintas bandas de música, plataformas ornamentales y elementos escenográficos que combinaron agua, pirotecnia y confeti.

Entre los momentos más espectaculares destacó el impresionante Ballet Ópera «Soles», inspirado en el cauri, la pequeña concha utilizada como moneda durante siglos en las rutas comerciales del Mediterráneo. El montaje reunió a más de setenta bailarinas, plumeros, carrozas y una compleja coreografía que arrancó una de las mayores ovaciones de la noche.

La presencia masculina adquirió igualmente un protagonismo especial con el primer batallón de hombres Abdelazíes de la historia de la comparsa, integrado por todos aquellos comparsistas con traje en propiedad. El histórico desfile estuvo encabezado por Baldomero Giménez, embajador en 2004 y presidente de la comparsa, como cabo del batallón.

El bloque concluyó con una poderosa imagen simbólica: ocho caballos blancos, representando la paz, y un caballo negro con la inscripción «In Memoriam», dedicado a quienes ya no están, poniendo el broche emocional a una parte del boato centrada en la convivencia, la igualdad y el recuerdo.

Medio siglo de sentimiento festero

La tercera y última parte, «Sentimiento», estuvo dedicada íntegramente al embajador y a su familia, mostrando la dimensión más personal del proyecto.

El sonido de casi un centenar de integrantes de los Tambors de Passió d’Almassora, una espectacular exhibición de doma española, el ballet profesional «Las Fuentes», inspirado en los jardines del Generalife, y la aparición de las distintas escoltas familiares fueron elevando la emoción conforme avanzaba el desfile.

Uno de los instantes más especiales llegó con el paso de la carroza de los hijos del embajador, acompañada por la Banda Ruperto Chapí de Villena, que interpretó por primera vez durante el desfile la marcha mora «Victoria», compuesta por el prestigioso compositor Francisco Valor Llorens y dedicada por Francisco Sánchez Mateos a su esposa y Favorita, Victoria Vallejo.

La recta final del boato estuvo marcada por la espectacular aparición de una gran carroza presidida por una águila articulada de más de siete metros, diseñada por el propio embajador junto a Victoria Vallejo. La figura abrazaba simbólicamente los principales monumentos de Orihuela —como la Catedral, Santa Justa y Rufina, el castillo, el Palmeral, la Cruz de la Muela o el Seminario— como expresión del profundo amor que Francisco Sánchez siente por su ciudad y como representación del emblema que identifica a los Abdelazíes.

Poco después, un cetrero hizo volar un águila frente a la carroza, simbolizando la libertad y reforzando el significado del escudo de la comparsa.

El colofón llegó con la majestuosa carroza del embajador, inspirada en la Alhambra de Granada y los jardines del Generalife, una escenografía monumental presidida por Francisco Sánchez Mateos y Victoria Vallejo, rodeados de referencias a Orihuela y a los principales símbolos de las fiestas de Moros y Cristianos.

El cierre musical estuvo a la altura de la magnitud del espectáculo. Tres bandas de Alcoy, con 250 músicos, junto a 20 dulzainas y los 24 integrantes del Orfeón Crevillentino, interpretaron de forma conjunta la marcha «Victoria», poniendo el broche de oro a una embajada que hizo de la música uno de sus grandes pilares.

La composición, presentada semanas atrás en la recepción oficial celebrada en El Palmeral, contó con la participación de la Agrupación Musical de Alcoy y del Orfeón Crevillentino, y ya se encuentra disponible en las principales plataformas digitales. La obra, inspirada en la canción «Llorando por Granada» del grupo Los Puntos, se convirtió en uno de los grandes protagonistas musicales de la noche.

En total, la Comparsa Moros Abdelazíes reunió más de mil músicos, entre bandas, agrupaciones y acompañamientos musicales, además de cuatro grandes ballets, convirtiendo la música en el auténtico hilo conductor de un boato que permanecerá en la memoria de Orihuela por su espectacularidad, su carga simbólica y la emoción con la que logró transmitir el legado de una comparsa que, cincuenta años después de su nacimiento, volvió a demostrar la fuerza de su historia, el valor de la paz y el profundo sentimiento que une a los Abdelazíes con su ciudad.