Por Mateo Marco Amorós
La noticia no ha tenido eco. Tratándose de Atletismo estamos acostumbrados. En puertas de un Mundial de Fútbol importa lo que importa y el periodismo deportivo atiende lo que atiende. Repaso las noticias de esos días y sobre Atletismo nada o casi nada. Silencios que duelen. Alguna crónica, sí, de la Real Federación Española de Atletismo, yo le llamo cariñosamente la ReFEA; algunas referencias en las redes hechas por los clubes y atletas protagonistas y… Y poco más.
Y resulta que el 23 y 24 de mayo, en Castellón, en el Estadio Gaetà Huguet, se celebró la Copa de Europa de Clubes de Atletismo (European Champion Clubs Cup – ECCC). Y resulta que en la categoría femenina, el oro y el bronce se lo llevaron respectivamente los equipos Diputación Valencia Club Atletismo y el FACSA-Playas de Castellón. En la categoría masculina, el Playas quedó subcampeón. Esto, entre trece equipos femeninos y once masculinos. Clubes de Eslovaquia, Finlandia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal, Reino Unido, República Checa, Serbia y Turquía, además de los españoles.
Para quienes no estén familiarizados con estos campeonatos, comentar que en la competición cada club presenta a un atleta por prueba, cuatro en los relevos. Según el resultado de cada prueba, el club suma más o menos puntos. El podio se reparte entre aquellos equipos que hayan sumado más puntos. Quienes conocen estos encuentros, bien saben de su atractivo: buen ambiente en las gradas y cancha, sana competencia, pasión y entrega total de los protagonistas. Porque si la entrega de los atletas es incuestionable en competiciones individuales, aquí, la responsabilidad por puntuar lo máximo posible para el equipo, catapulta el esfuerzo.
Si hablo de esto, al margen de que muy personalmente me importe, es porque esos clubes valencianos laureados, que tanta gloria vienen dando al atletismo español, me temo que no reciben el apoyo que merecen, corriendo el riesgo de desaparecer. Conozco bien su trabajo como sus desvelos. Y sé que año tras año, temporada tras temporada, pese a los éxitos, caminan sobre la cuerda floja de la supervivencia. En un funambulismo sin red, potenciador de ese ligero sabor amargo del laurel.





