Más sobre el fin del mundo

Mateo Marco Amorós / A cara descubierta

Imagen / Joaquín Marín

Volviendo al libro que decíamos sobre “El fin del mundo tal y como lo conocemos”, libro de Marta García Aller; volviendo a la entrevista que Santiago Camacho hizo a la autora en “Días extraños”, entrevista y libro que nos recomendó nuestro amigo Antonio Egiziano, insistimos en la lucidez de Marta García y lo sugerente de su análisis.

De entrada, el índice, enumeración de títulos y subtítulos explicativos, es poderoso imán. Sirvan de ejemplo a salto de mata los siguientes capítulos: “1. El fin del trabajo. De por qué los vendedores de seguros perderán su trabajo y los dentistas no. (…) 6. El fin de las tiendas. De cómo el papel higiénico llegará a casa antes de que se acabe el último rollo. (…) 8. El fin del petróleo. De cuando la gasolina acabe como las boñigas de caballo. 9. El fin de la conversación. De como WhatsApp acerca a los que están lejos y aleja a los que están cerca. (…)” Sobre estos y otros asuntos, algunos muy trascendentes relacionados con la vida y con la muerte, trata el libro dividido esencialmente en dos partes: “Cosas que se acaban”, la primera. “Ideas que se acaban”, la segunda.

Así, la obra expone conquistas que ya son. O que pronto serán pareciéndonos ayer imposibles. Y pérdidas de valores humanos que nos dolerán y que habrá que asimilar o reivindicar. Y preocupaciones que también ya son. Como la de la facilidad para difundir deliberadamente informaciones falsas. La posverdad. Un riesgo para las democracias.

Por otro lado, alimentando melancolías y ternuras la autora nos confirma un recelo que intuimos cuando en 2013 celebramos nuestro cincuenta cumpleaños con nuestros conmilitones del 63. En aquel año en el que quisimos solidaridades, cultura y fiesta coincidiendo en Villena con el 50 aniversario del descubrimiento del Tesoro. Entonces, recordando y recordando, vinimos a sospechar lo que ahora se nos ratifica: Que cosas de nuestra infancia, incluso de nuestra juventud, podrían formar parte ya de cualquier museo etnográfico. Porque, por ejemplo, Marta García Aller alude a esas profesiones que fueron y ya no son. Como posiblemente no serán tantas cosas de ahora.

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