Todas las familias infelices

Mateo Marco Amorós / A cara descubierta

Joaquín Marín / Fotografía

“Todas las familias infelices” es el título de un reciente libro de Ramón Bascuñana. Editado por Chamán ediciones recoge cuentos escritos por el poeta en las dos últimas décadas. Narraciones inéditas unas y narraciones premiadas y editadas –o no– otras, aparecen distribuidas en dos bloques. El primero, “Todas infelices”, contiene diez relatos. El segundo, “Infelices todas”, nueve.

En ocasiones hablamos de escritores consagrados. Yo creo que Ramón Bascuñana tiene currículum para serlo. Por lo publicado y premiado. Pero al margen de que esta opinión nuestra sea o no acertada o compartida sí puedo afirmar que Bascuñana es un autor que consagra la literatura. Lo demostró la otra tarde en la presentación oficiando de sacerdote de las letras, entrevistado por el profesor y escritor Álvaro Giménez que propició que el autor nos mostrara en canal su sincero yo literario. Fue en el Ateneo Cultural-Casino Orcelitano. Y quienes estuvimos pudimos gozar de una ceremonia de culto a las letras porque desde principio a fin Ramón Bascuñana sacramentó el quehacer escritor. Si como poeta, insistiendo en que la poesía, para él, es instante; cuyo objetivo primordial es emocionar. Si como narrador, afirmando que la narración es sobre todo cuento.

Así la tarde fue lección magistral confesando dificultades creativas y logros. Y señalando literaturas y autores que importan. No en vano, en la contraportada del libro, Luis Bagué Quílez y Joaquín Juan Penalva afirman: “Los cuentos de Bascuñana son una declaración de amor a la literatura y un homenaje a algunos de sus autores favoritos.” Literatura consagrada a la literatura por un autor que ejerce con maestría como poeta o narrador. Y que se entrega en el directo.

Hace un año, los desvelos del poeta José Luis Zerón en la organización de los Encuentros con la Poesía celebrados en la casa natal de Miguel Hernández quisieron que coincidiéramos Ramón Bascuñana y un servidor el mismo día. Para mí fue un gran honor. Apreciamos a Bascuñana como poeta y ahora lo reivindicamos también como narrador, autor de estos terriblemente bellos relatos. Ahí queda, por ejemplo y por recomendación del escritor, ese sobre Aldo Nove. Trepidante.

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