Vaciando el aire de las caracolas…XCVI

Reincidencia

Reincidencia

Mateo Marco Amorós
 

Miércoles de marzo de 2006. En Orihuela, por la mañana, en la calle Sol, esa que nos lleva hacia Los Desamparados –La Parroquia–, hacia Beniel, hacia Murcia, unos obreros abren zanjas en las aceras y fortuitamente rompen una conducción de gas porque la conducción está donde no debería estar. La rotura provoca una fuga con grave riesgo para los vecinos de una finca. El gas, a escape, se cuela en sus cocheras y, acumulándose, es mucha amenaza y… Ocho años y ocho meses más tarde. Miércoles de noviembre de 2014. En Orihuela, por la mañana, en la calle Sol, esa que nos lleva hacia Los Desamparados –La Parroquia–, hacia Beniel, hacia Murcia, unos obreros abren zanjas en las aceras y fortuitamente rompen una conducción de gas porque la conducción está donde no debería estar. La rotura provoca una fuga con grave riesgo para los vecinos de una finca. El gas, a escape, se cuela en sus cocheras y, acumulándose, es mucha amenaza y…

Ciertamente el hombre ha de ser el único animal que tropieza dos veces dos en la misma piedra. Aquí, la misma piedra es la misma tubería que está mismamente y por error donde no debería estar. Por eso cada vez que se abren las mismas zanjas, la misma tubería se rompe. Y esta misma reincidencia es grave peligro. Sí, los mismos trabajos rompen la misma tubería de gas en el mismo lugar. Y el escape, como la otra vez, se escurrió hacia los garajes, concentrándose.

Cuando paras del trajín bendito y eficiente de bomberos, policía local y protección civil –agradecidos hemos de estar a estos servidores–, asusta el pensar lo que puede pasar. Porque es jodido, muy jodido, imaginar que en el mismo instante en que aprietas la tecla de un microondas para calentar un vaso de leche, en ese instante tan cotidiano, puede ser cuando te sepulten los escombros o te quemen las llamas o te destroce la explosión. O quizás cuando estrujas el tubo dentífrico sobre el cepillo para que salga la pasta para lavarte los dientes. O cuando buscas un peine para peinarte. O cuando le abrochas el abrigo a una de tus criaturas. O cuando coges las llaves del coche saliendo con prisas mientras metes el otro brazo por la manga de la chaqueta o…

Cuando todo eso, por si acaso, digo miau. Que siete menos dos, nos quedan cinco.

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