Vibraciones

Mateo Marco Amorós / A cara descubierta

Joaquín Marín / Fotografía

Lo dijimos cuando lo de Dinoco-Vega Baja: “Si una administración, la que sea, no responde a las necesidades de los ciudadanos, es una administración inútil.” Y lo diremos cada vez que sintamos que una institución, debiendo velar por el bienestar de las personas, baja la guardia en esta responsabilidad. Gobernar es atender a los individuos. Sobre todo el Ayuntamiento.

Hace unas semanas hemos conocido que en Orihuela hay unos vecinos preocupados por un problema de años. Desde hace una década más o menos. Problema producido por un edificio público. Y es verdad que la cuestión se ha llevado a plenos –y parece que seguirá llevándose– pero también parece que se ha enquistado en el “lo estamos estudiando”. Versión técnica del “vuelva usted mañana” que denunció Larra. Nos enorgullecemos, es verdad, del Museo de la Muralla, pero resulta que desde su existencia el conjunto ha ocasionado problemas en los inmuebles de vecinos colindantes. Problemas que vienen manifestando tiempo. Y todavía, estudio tras estudio que dicen, no se ha encontrado solución.

Uno sale un domingo al solaz de la mañana a callejear con tranquilidad la ciudad. A disfrutar su hermosura. Cierto que doliéndonos lo más bella que podría ser por lo tanto bella que fue. Sales un domingo a pasear y te encuentras con una familia que, a la desesperada, no sabe cómo decir ya lo que no le arreglan. Han intervenido en plenos, han hecho gestiones diversas, han hablado con quien creen que debían hablar y… Convertidos en “sandwich man”, en “hombre anuncio”, denuncian el hartazgo. Atormentados por un problema provocado por un edificio público: vibraciones originadas por los aparatos de ventilación del museo. Vibraciones que concomen su casa y su salud. La necesaria aireación de la ruina arqueológica les ha traído la ruina de no poder vivir tranquilos en su propia casa.

Solidarizándonos, el regocijo del domingo se transmuta en preocupación. Y nos acordamos de que en algunas ocasiones, también por algún problema urbanístico, acudimos preocupados al Ayuntamiento informando y pidiendo solución. Y aun siendo uno de ellos problema muy grave nunca obtuvimos contestación. Silencio administrativo que dicen. Inútil silencio.

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