Como quien pierde un amor

Mateo Marco Amorós /Bardomeras y meandros

Joaquín Marín /Fotografía

Cuando llegaste llevábamos casi cinco años viviendo en el barrio. Conociéndote como te conocíamos supuso para nosotros mucha alegría saberte, a partir de entonces, tan cerca. Y día tras día fuimos asentando nuestra fidelidad hacia ti. Fidelidad correspondida, fidelidad mutua como la que se regalan fieles enamorados. Y día tras día, agradecidos por tus exquisitas atenciones, agradecidos por tus bondades, alimentaste y afianzaste nuestra confianza en ti. Día tras día. Es por lo que jamás imaginamos que después de más de quince años de estable relación nos dejaras. Que decidieras marcharte. ¡Qué disgusto! ¡Con lo que te hemos mimado agradecidos por tus mimos!

Acostumbrados a tus parabienes, nos duele tu distanciamiento. Hay quienes se quejaban de ciertas molestias procuradas por tu cercanía. Pero tu vitalidad nos dio vida. Tus atractivos atrajeron a otros. No nos importó porque sentíamos con orgullo que tus virtudes motivaran a otros. Nos vanagloriábamos de verte tan estimada. Siendo invariablemente nosotros para ti y tú para nosotros. Hasta ayer.

En estos casos de desamor, siempre dolorosos, nos vienen las primeras estrofas de una bella canción de Lluís Llach titulada “Que tingem sort” (“Que tengamos suerte”). Estrofas de despedida que dicen así: “Si em dius adéu, / vull que el dia sigui net i clar. / Que cap ocell / trenqui l’harmonia del seu cant. / Que tinguis sort / i que trobis el que t’ha mancat / en mi.” (Si me dices adiós, / quiero que el día sea limpio y claro. / Que ningún pájaro / rompa la armonía de su canto. / Que tengas suerte / y que encuentres lo que te ha faltado / en mí.”) Versos escritos con ternura para una despedida pero… Pero como la canción también abre la esperanza de mantener la querencia, pues eso: Que tengamos suerte.

CODA: Por si preocupan estas letras a mis amistades aclaramos que se deben a que por aquello de apostar por el nuevo modelo de tienda eficiente el establecimiento de MERCADONA que teníamos al lado de casa se ha mudado un poco más lejos. Al otro lado del río. Y esto nos ha dolido como quien pierde un amor. Sí, como quien pierde un amor.

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